Viajes de Gulliver de Jonathan Swift

[¡Oh, si fuéramos Houyhnhnms!…]

Aunque al principio se me antojaba terrible e insoportable la sola idea de volver a vivir en una sociedad regida por yahoos, por más que estos fuesen mis compatriotas, en cuanto que llegué a Inglaterra desde Nueva Holanda (¡Maldito el capitán portugués que me devolvió allí!…), caí en los viejos vicios y maldades de mi especie, y volví a sentir y a pensar como lo que era, un despreciable ser salvaje e irracional; así que, olvidado finalmente de todo lo vivido y de todo lo aprendido, e infectado, una vez más, de la vida de los míos, acepté conducir, en calidad de representante real, al país de los Houyhnhnms con una expedición armada de la flota de Su Majestad.

«No puede haber testigos de nuestra miseria moral», decían. «Ni tampoco imágenes tan horrendas y monstruosamente verdaderas de nosotros mismos, como los yahoos».

Además, estaban las piedras preciosas del país de los caballos sabios, esas piedras que eran objeto del deseo de esos feroces yahoos, aún más temibles y terribles que los verdaderos yahoos de la isla, que llegábamos del otro lado del océano. Así que lo arrasamos todo y esclavizamos a todos los Houyhnhnms que casi de milagro sobrevivieron.

Yo no quise participar activamente en la carnicería, pero no hice nada tampoco por evitarla. Al final, me llevé mi parte del botín, en el que se incluía uno de los Houyhnhnms perteneciente, por vía, masculina a la familia de mi antiguo anfitrión, pero jamás cruzó una palabra conmigo. Yo tampoco lo intenté, no habría sabido qué decirle.

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