Frankenstein de Mary W Shelley

[… no sentiré más las agonías que ahora me consumen…]

… pero, cuando se dio cuenta de que el cuerpo de su hacedor se movía como un pelele sin vida entre sus manos enormes y bestiales, le gritó: ¡No mueras!… ¡Aún no!…  Aún no debes morir, mi estúpido e incauto creador, aún no debes morir, no te lo permito, aún no has sufrido lo bastante… ¡Vuelve a la vida; vuelve a esta condena de pasiones insatisfechas y de soledad espantosa que me has dado sin yo pedírtelo!…  Sin ti, mi vida no tendrá objeto ni fin… Resiste y odia como yo, mantente y mantenme vivo… Que no te asuste la nada y el sinsentido, pobre imbécil… Iluso… ¡No sois más que patéticos seres ilusos y egoístas!… Jamás reparáis en el daño que infligís, concentrados en vuestro pequeño y mísero dolor… Sin ti, Frankenstein, no dejaré jamás de sentir esta angustia que siento, ni me abandonará jamás este ansia inacabable de deseos insatisfechos; sin ti, habré de seguir matando y asesinando a la inocencia y a la belleza, pues por el solo hecho de haberme creado y por haberme condenado a esta soledad irremediable, a la que me has forzado para siempre, sé que perpetuamente las aborreceré, que lo bello y lo inocente traerán a mi memoria lo ansiado inútilmente y lo nunca disfrutado, hasta que mi aliento, acaso inmortal y esa sería tu más cruel venganza de esta tu contrahecha criatura, deje este cuerpo deforme y monstruoso.

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