Tiempo de silencio de Luis Martín Santos

[… cómo es posible tanto olvido…]

… El sol sigue tan tranquilo entrando en el departamento y allí se dibuja el Monasterio. Tiene todas sus cinco torres apuntando hacia arriba y ahí se las den todas. No se mueve. Tiene piedras alumbradas por el sol aplastadas por la nieve y ahí se las den todas. Está ahí aplastadito, achaparradete, imitando la parrilla que dicen, donde se hizo vivisección a ese sanlorenzo de nuestros pecados, a ese sanlorenzaccio que sabes, a ese sanlorenzón, lorenzo que me des la vuelta que ya estoy tostado por este lado, como las sardinas, lorenzo, como sardinitas pobres, humildes, ya me he tostado, el sol tuesta, va tostando, sanlorenzo era un macho, no gritaba, estaba en silencio mientras lo tostaban torquemadas paganos, estaba en silencio y solo dijo –la historia solo recuerda que dijo– dame la vuelta que por este lado ya estoy tostado… y el verdugo le dio la vuelta por una simple cuestión de simetría. Cómo es posible, sanlorenzón machote que, a estas alturas, me haya olvidado, nos hayamos olvidado, de los que se negaron y se niegan a ser aparrillados, arrejoneados y apuntillados, que no guardaron silencio, este silencio mortal del páramo, a los que quedaron en las trincheras, a los que se resisten en la universidad y no van a escuchar al gran listo, a los que llenan el silencio de voces, de ideas y de pensamientos y acciones positivas dentro de esta gran parrilla y en esta estéril estepa poblada de saludos romanos ridículos y catetos, o fuera, en el destierro. Cómo es posible que me haya olvidado, a estas alturas, de los ocultados en las cunetas y en las prisiones, de los humildes que se organizan en el subsuelo de este silencio mortal y laboran por un futuro de palabras llenas de vida, a los que no asienten como yo asiento mudo y embobado por la desgracia de este fatal origen, a los que no se conforman como yo me conformo a desaparecer, a ser sumisos sanlorenzos aparrillados en esta parrilla mugrienta, a los que no se resignan a ser mansos bueyes castrados, seres amojamados en su triste aislamiento, patético y egoísta, como yo…

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