Humanos paisajes. Dos meses inolvidables de amistad y poesía en Chile y Colombia. Marzo, abril y mayo de 2025. 1ª parte

Por fin, después de casi un mes y medio desde el regreso a casa, encuentro el tiempo y la ocasión para ponerme con la crónica de los dos meses por Chile y Colombia que, esta vez, ha durado el viaje a América. Las obligaciones naturales que te esperan, después de una prolongada ausencia, la recuperación de las viejas rutinas, la visita a Madrid, justo en estos días, de dos buenas amigas desde la otra orilla del Atlántico, Paula Winkler y María Juliana Villafáñez, la salida de mi nuevo poemario, Réquiem y exaltación, coincidiendo con la Feria del Libro de Madrid, en la primera quincena de junio, la organización de las primeras presentaciones del mismo, todo ello y otras pequeñas ocupaciones me han impedido ponerme a la tarea, antes.

El cuaderno de viaje, que contemplo, ahora, con nostalgia, está repleto de anotaciones; han sido muchas semanas de encuentros, de experiencias, de paisajes nuevos y conocidos, de antiguas y nuevas amistades encontradas y fortalecidas, de versos e ideas atentamente escuchadas; esta crónica tendrá, así, la forma de un diario, con las glosas y comentarios, tal como los reseñé y los fui registrando, puntualmente, en la agenda, día a día, a lo largo de esas semanas: unas veces, a la noche, antes de dormir, otras, a la mañana siguiente, después del desayuno.

Será una forma, para mí, como sucedió al redactar las otras crónicas, de volver a vivir esos días, de viajar, otra vez, en cada párrafo, a la esencia y al corazón de los mismos.

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CHILE

16 de marzo

Una vez instalado en la cabina del avión, pienso en las semanas que me esperan, esta vez, serán dos meses fuera de casa, repletos de promesas y de nuevas experiencia y nuevas amistades; la intervención en el Palacio de la Moneda de Santiago de Chile, en el lanzamiento oficial del Festival ‘Vino y Poesía/ Wine and Poetry’, del Valle de Colchagua, los viajes previstos con Ivo Maldonado por su país, la intervención, más tarde, en el Festival Internacional de Poesía de Bogotá y en la Feria del Libro de la capital colombiana, el reencuentro con los amigos y con el mágico barrio de La Candelaria, todo suena muy bien, sin embargo, para ser sinceros, quizás por el cansancio acumulado, en los días previos al viaje: dejar bien cerrado y preparado el apartamento, de cara a la vuelta, las innumerables gestiones realizadas para no dejar flecos pendientes atrás –y que todo quede en orden, en los distintos frentes en los que me muevo– o simplemente el aturdimiento de las horas previas a un vuelo trasatlántico, en un aeropuerto gigantesco como este de Barajas, con sus enojosos trámites; todo sumado hace que, ahora, que siento la vibración de los motores de la aeronave, dispuestos para el despegue, no sienta ninguna sensación que no sea rutinaria en estos casos, ninguna especial emoción, salvo una que brota enérgica, de repente, desde mis entrañas, la de estar vivo y abierto a lo que venga, de que nada está previsto de antemano, a pesar de todos nuestros planes, de que, a partir de este momento, no hay rutinas, y de que cada hora y cada día, a partir de este momento, traerán lo que deban traer, pero eso que traigan no estará previsto.

Mientras nos alzamos y dejamos la dureza de la superficie asfaltada y alcanzamos las nubes, en ese suave surcar por los vientos y sus corrientes, me embarga, de nuevo, ahora, sí, una conocida sensación –a menudo, olvidada o sepultada por las rutinas del día a día– la de estar vivo, en efecto; entonces, saco de mi bolso de mano uno de los libros que me acompañarán en este viaje, Zen bombardier, del editor y viajero Antonio Cordero, al que conocí, el pasado verano, en Isla Cristina: buen amigo de buenos amigos míos, con el que comparto, es curioso, uno de mis apellidos, y al que espero ver este verano también en las playas del Atlántico onubense.

Y, mientas hojeo el librito, perfecto para las estrecheces insoportables de los aviones de pasajeros actuales, me doy cuenta de que, como a Antonio Cordero, en su Zen bombardier, que es una crónica de viajes, se podría decir, de muy alto calado poético, con una escritura, como a mí me gusta, minuciosamente construida, en la que se evocan y sugieren –más que se dibujan– los paisajes encontrados, en sus coordenadas precisas, a partir de la huella que estos dejan en sus habitantes y en el viajero que, a su vez, los contempla; a mí, lo que me interesa, al viajar, es, asimismo, el paisaje humano, los habitantes de los paisajes encontrados, que son, al fin, lo que da sentido al resto de los paisajes, ya sean naturales, los grandes valles y las altas cordilleras, o artificiales, los pueblos y las ciudades.

17 de marzo

Llegada a Santiago de Chile. La acogida por parte de Claribel Miranda, escritora y gestora cultural de amplísimo currículo, es, como me imaginaba, extraordinaria. La revisión, durante las semanas previas al viaje, de su última novela, junto con su editor, Ivo Maldonado, titulada A pedir de boca, me hacía presagiar el encuentro con una persona sensible y familiar. Todos nos ponemos en nuestra escritura, lo queramos o no, consciente o inconscientemente. Nuestra escritura somos nosotros y, en la suya, mientras revisaba su novela, percibí a la persona con la que me he encontrado.

Su apartamento en La Dehesa, frente a la precordillera, es encantador, reflejo también, de alguna manera, de su propietaria. Los espacios que habitamos dicen lo que somos y este apartamento lo dice.

Después de instalarme cómodamente en él, hemos almorzado y departido tranquilamente, sentados en su hermosa terraza con vistas al amplísimo patio polideportivo del colegio que la comunidad judía posee en La Dehesa y a las partes más altas de este gran distrito residencial de Santiago (uno de los más exclusivos, junto a los de Las Condes y Providencia), y, al fondo del todo, la precordillera. Tras ponernos al día acerca de los más destacables hitos personales de nuestras respectivas biografías, hemos comentado alguno de los aspectos de su novela, recién publicada con Casa Bukowski; para, luego, tratar del auge de la violencia, al menos de la percepción de ese auge entre las clases medias santiaguinas, y de la sensación de inseguridad que se ha instalado entre los habitantes de los distritos más prósperos de la capital, impresión que he tenido yo mismo ya dentro del aeropuerto, nada más llegar, por los repetidos mensajes llamando la atención a los viajeros sobre cuestiones de seguridad elemental, a la hora de trasladarnos a la ciudad y de manejarnos en ella.

Me sorprende comprobar los efectos que esa sensación de inseguridad provoca en personas como Claribel, su insistencia en la necesidad de preservar sus distritos y sus espacios de ese supuesto auge de la violencia. Creo que el ‘estallido social’ de 2019 y 2020 traumatizó a la clase media santiaguina y la reciente inmigración masiva –con toda su problemática asociada–, un fenómeno desconocido, hasta ahora, en Chile, ha terminado por profundizar más ese trauma.

Me fijo en los dirigibles aerostáticos dotados de cámaras que sobrevuelan, noche y día, las zonas más exclusivas de La Dehesa, y comprendo la profundidad de esa herida. En fin, a lo largo de esa calmada sobremesa, hemos ido repasando aquellos temas que ayudan a dos personas desconocidas, a situarse, se supone, una frente a la otra y a establecer puentes entre ellas.

A la caída de la noche, nos hemos dirigido a cenar a un excelente restaurante peruano, cerca de su domicilio, en el que he degustado, por primera vez, dos especialidades exquisitas de su cocina, el pulpo al olivo y los ‘locos’.

Así, sin expectativas concretas, pero abierto a lo que viene por sí, de un modo natural y tranquilo, sin buscarlo, todo adquiere un valor distinto, el valor de lo imprevisto, de lo no habitual, de lo no conocido y rutinario. El valor que las cosas tienen en nuestra infancia y en nuestra primera juventud, cuando aún somos inocentes y vivimos la vida por sí misma, sin preguntar, sin esperar nada a cambio, cuando solo vivimos, porque no hay otra cosa que la vida misma, y lo hacemos a corazón abierto y a pecho descubierto, hasta que el tiempo y sus acontecimientos nos doman y nos sujetan, y nos hacen precavidos y calculadores.

18 de marzo

Esta mañana, en este suave penúltimo día del verano austral, frente a la precordillera andina, en el silencio del apartamento de Claribel, que ha salido a realizar unas gestiones particulares, luego de desayunar tranquilamente en la mesa principal de su cómodo salón, recuperado completamente del lógico jet lag provocado por el viaje, he comenzado con la relectura crítica y reposada de Agamenón, la primera de las tragedias de la trilogía de Esquilo, conocida como la Orestiada: otra de las lecturas que me acompañarán en este viaje.

Me he propuesto releer atentamente y de un modo analítico el ciclo dedicado a Orestes, a lo largo de estas semanas, porque el artista Miguel Ángel Sánchez García y yo estamos en el comienzo de un nuevo proyecto de novela gráfica, una vez que hemos finalizado y dejado bien encaminada de cara a su publicación, la anterior, Orfeo en el club de carretera, después de varios años de trabajo conjunto. La idea es elaborar un guion lo suficientemente rico e interesante, que dé pie a otra novela gráfica, a partir del famoso ciclo trágico de Esquilo, desde la muerte de Agamenón, de manos de Clitemnestra y Egisto, por el sacrificio de Ifigenia, ofrecida por su padre a los dioses, con el fin de garantizarse unos vientos favorables para la flota aquea en su viaje a Troya; hasta la final ejecución de la propia Clitemnestra, a manos de Orestes, como venganza por la muerte de su padre, Agamenón. Una historia que interesa, desde hace tiempo, a Miguel Ángel.

Así, pues, en estas semanas, en los ratos libres y más tranquilos, como el de ahora, me sumergiré en esta sucesión de actos trágicos en los que la consolidación del patriarcado y su justificación ideológica corre pareja con la constitución de un nuevo marco jurídico cívico y humano –amparado por la diosa Atenea– que sustituye a la ancestral justicia divina, y que, mediante la defensa de Orestes que hace la misma diosa, con su voto decisivo en el juicio del Areópago, consolida el domino masculino. Me espera, creo, un trabajo muy sugestivo e interesante, sin duda.

Por la tarde, hemos quedado en un restaurante italiano de Providencia, otro de los distritos distinguidos de la capital, con la poeta María Juliana Villafáñez, representante de la delegación de Puerto Rico, el país invitado, este año, en el festival de Colchagua, que ha llegado, hoy mismo, desde Miami.

Mañana por la mañana, María Juliana intervendrá, junto con Juan Cameron, uno de los poetas chilenos actuales más recocidos, y conmigo, en representación de los invitados extranjeros, en el lanzamiento oficial del III Festival Internacional del Valle de Colchagua, que se celebrará en el centro cultural del Palacio de la Moneda, la razón por la que he adelantado mi viaje a Chile, previsto, en principio, para unos días más tarde.

La cena, en la compañía de Claribel y María Juliana, ha resultado una velada encantadora y agradable, y, de paso, me ha permitido conocer mejor el distrito de Providencia, que ya había visitado en mi anterior estancia en Santiago, cuando el escritor Theodoro Elssaca me invitó a conocer su Fundación Iberoamericana.

19 de marzo

A lo largo de esta mañana, he vivido horas muy especiales, lo primero, fue entrar en el recinto presidencial santiaguino, a su estacionamiento público, escoltado por el espectacular cambio de guardia del mismo; luego, poder intervenir en el centro cultural del propio Palacio de la Moneda, con todo el valor simbólico, tan especial, que tiene para alguien como yo: un joven de izquierda, casi adolescente aún, que, en 1973, contempló, por televisión, su bombardeo y su destrucción por la aviación golpista.

El éxito del acto de lanzamiento del Festival al que asistiré la próxima semana, en el Valle de Colchagua, ha sido rotundo e Ivo Maldonado, su director y uno de mis mejores amigos, está, por ello, muy satisfecho, con lo que mi propio contento y satisfacción es aún mayor.

Compartir protagonismo, además, en el mismo, con Juan Cameron y María Juliana Villafáñez, ha sido un placer y un honor para mí; al tiempo que, tras su finalización, me he reencontrado con antiguos amigos, como Theodoro Elssaca, y he encontrado y conocido a otros nuevos, como el gran poeta Reynaldo Lacámara.

Una vez finalizado todo el conjunto de compromisos protocolarios y de hacer una visita por las distintas salas del centro cultural de la presidencia, nos dirigimos un ramillete de antiguos y nuevos amigos al restaurante El Ají Seco Místico, en el centro de Santiago, a varias cuadras del Palacio. Vamos Claribel, Jeannette, maravillosa amiga de San Fernando, a donde nos dirigiremos en autobús, por la tarde, El Flaco Cristóbal, Carmen, una amiga y colaboradora de Ivo, el mismo Ivo y yo.

El almuerzo ha sido otra gozada, ha durado varias horas y hemos tenido la ocasión de aprovecharnos de la ‘hora feliz’, con lo que el trasiego de ‘piscos’ en nuestra mesa ha sido, por decirlo así, bastante generoso.

A la salida de El Ají Seco, Claribel no podía dar un paso más con el calzado de etiqueta que había llevado para el acto inaugural de la mañana, así que decidimos tomar un taxi que nos devolviera al estacionamiento del Palacio de la Moneda, en donde habíamos dejado aparcado su compacto, con mi equipaje dentro, pues ella debía llevarnos, desde allí, a Jeannette, a Ivo y a mí, a la terminal de autobuses, en donde tomaríamos el que no llevaría, a los tres, a San Fernando.

El breve trayecto hasta el estacionamiento del palacio fue, como siempre, muy ilustrativo para mí; los trayectos en taxi, en cualquier ciudad, y el que haya viajado lo sabe, siempre lo son, los taxistas, por lo general, no solo ejercen como fuentes de información práctica acerca del medio en el que se mueven, sino, también, como los reproductores más fieles de los prejuicios sociales y de las posiciones políticas más conservadoras del país en el que estemos, y, por lo general, como auténticas máquinas de difusión de bulos y de los tics ideológicos más reaccionarios que caracterizan el espacio urbano del que son parte esencial. Y este era el caso del taxista que nos recogió en la esquina del restaurante, que resultó un portavoz ideal de la paranoia por la seguridad que campa entre buena parte de la población santiaguina, especialmente entre sus clases medias. Oyéndole, Santiago podría pasar por aquella mítica Dodge City, ciudad sin ley de mi infancia. Los culpables de todo, ya se lo pueden imaginar quienes eran, efectivamente, lo han adivinado, los pobres y los inmigrantes.

Pero donde puedes pulsar mejor el clima humano de una ciudad o de un país es en el transporte público, en los trenes o en los autobuses, y, en el autobús que nos lleva a San Fernando, un padre y su hija, un humilde trabajador que regresa a casa con la pequeña, la curiosidad de ella por quién era ese señor de pelo blanco y acento extraño que iba en los asientos de al lado y el tacto de su padre al disculparse por la curiosidad de su hija y su amable conversación conmigo, me devuelven, una vez más, la confianza en la gente común y me reafirman en algo que ya he dejado por escrito, más de una vez, que, en el mundo, por doquier, sea cual sea la latitud, predomina la buena gente, aunque los malos se hacen notar más.

La llegada a El Tambo, desde la cercana San Fernando, con el auto de Ivo, casi a la media noche, a la casa de Amalia, otra buena amiga y mejor persona, y anfitriona incomparable, en donde me alojaré las próximas semanas, es el final de un largo e intenso día. Tras saludar a Amalia y agradecerle su hospitalidad, subo a mi habitación y deshago lo esencial del equipaje para asearme e irme a dormir, desde la ventana del baño, contemplo, al fondo, el perfil oscuro de la gran cordillera contra las estrellas del cielo austral, me siento cansado, pero satisfecho.

20 de marzo

Si nos damos un tiempo para disfrutarlo y es tranquila, la hora del desayuno nunca defrauda, y esta hora, aquí, en medio del valle de El Tambo, entre la bruma matinal que cubre los naranjales y el profundo silencio que me rodea (Amalia ha salido a sus cosas y estoy solo), después de haber descansado de la intensa jornada de ayer, resulta reparadora y reconfortante.

Ivo vendrá a media mañana a recogernos, a Amalia y a mí, para ir a comer a La Chepita, camino de Puente Negro, merendero de tablones y galpones que ya conozco de la vez anterior, iremos a ver a los Luises, padre e hijo, a compartir con ellos sus visiones de ovnis, de zahoríes en busca de oro y de agua, en Colchagua y en los altos valles andinos, y otros fenómenos extraños que les acaecen, mientras tomamos una cerveza y paseamos por los cobertizos y degustamos unas riquísimas empanadas y los calzones rotos, dulces artesanales de la casa.

Por la tarde, me incorporo al equipo de trabajo organizador del III Festival Internacional ‘Vino y Poesía’, a las órdenes del propio Ivo, para eso, he venido antes de lo previsto, además de para intervenir en el Palacio de la Moneda en su lanzamiento oficial.

El equipo es pequeño, pero inmejorable, junto a Ivo, estamos Amalia, Jeannette y yo. Somos además de un equipo de trabajo, en realidad, un grupo de amigos y compañeras que compartimos el mismo sueño. Da gusto estar con ellos trabajando por el pleno éxito del próximo encuentro.

21 de marzo

Estamos en los inicios del otoño austral, se nota. Y esta misma mañana se ha desatado la crisis, una noticia inesperada da al traste con todo el trabajo hecho durante semanas por este pequeño y esforzado equipo que coordina la organización del Festival, la causa son cuatrocientos dólares: el alcalde de Santa Cruz no ha mantenido la palabra dada al responsable del campus de la Universidad de Talca, ubicado en su término municipal, entidad coorganizadora de esta edición del Festival y ha provocado un trastorno casi insalvable en la partida dedicada a los alojamientos de una parte de los invitados extranjeros. Una cantidad aparentemente irrisoria para nosotros en Europa, tratándose de un evento de estas características, pero un obstáculo insuperable, para ellos, a poco más de una semana del inicio del evento.

El desánimo cunde en Ivo y su equipo; sin embargo, la vida, las tareas y los compromisos adquiridos siguen su curso e Ivo es llamado a una reunión en Rancagua, debido a su función de Consejero de Cultura de la región de O’Higgins. Amalia y yo lo acompañamos y, de paso, hacemos unas compras y visitamos la ciudad tranquilamente, mientras Ivo está en su reunión de trabajo; pero antes de que se incorpore a la misma, decidimos ir a comer, los tres, a un local en el que ya estuvimos Ivo y yo, el pasado año, en mi anterior viaje, se trata de la popular casa de comida El Quijote. Luego, Amalia y yo nos vamos de compras y a tomarnos un helado artesanal en la comodidad del Mall de la ciudad y a dar un paseo por la amplia plaza del centro, hasta que Ivo nos llama y pide que nos acerquemos a donde un grupo de colaboradores del senador Castro, representante electo socialista de la región celebran el éxito obtenido por su lista en las primarias internas, de cara al próximo proceso electoral general, que probablemente, se piensa, desalojará a la coalición de izquierda del poder central.

Tomamos un colectivo (un taxi compartido) y nos dirigimos a la dirección que Ivo nos ha dado y, tras una pequeña aventura por barrios desconocidos, Amalia y yo llegamos a donde se está celebrando la parrillada.

Escucho con atención lo que se dice en la nutrida mesa a la que nos invitan y que compartimos con ellos, y el discurso que sostienen el senador Castro y sus colaboradores, tanto los veteranos, como los más jóvenes, me parece inteligente y lleno de sentido común: son, me da la impresión, tal como les digo a ellos, por lo que he escuchado, la parte más sana y sinceramente de izquierda del Partido Socialista.

Son unas horas de conversación intensa y muy agradable y he aprendido mucho sobre la política chilena actual y sobre su reciente historia. Al final, regresamos a San Fernando a altas horas de la noche, y llevamos con nosotros a una joven concejala socialista de la comuna fernandina. Todo lo sucedido nos ha permitido olvidar por unas horas la mala noticia recibida por la mañana.

Cuando llegamos a El Tambo, a casa de Amalia, sentados, los tres, a la mesa del salón, con un té y un combinado, hablamos de ello y de las posibles soluciones, hasta que, cansados, nos vamos a dormir.

22 de marzo

Hoy, sábado, Ivo ha logrado encauzar la pequeña gran crisis de los cuatrocientos dólares y hemos continuado trabajando en el orden de los actos de cada una de las jornadas que constituirán el Festival y el de los intervinientes en los mismos.

Luego, en casa de Jeannette, en San Fernando, hemos comido e Ivo y yo, durante la sobremesa, hemos visto en YouTube, y las hemos estado comentando, dos entrevistas de la serie que dirigió Cristian Warken para la televisión pública: una, con el gran Gonzalo Rojas, que fue maestro de Ivo en la universidad de Concepción, y, otra, con el invitado especial de esta tercera edición del Festival, Manuel Silva Acevedo, premio nacional de literatura de Chile en 2016.

Pero lo más increíble es que, tras la cena, hemos terminado viendo una velada de boxeo en Las Vegas por los super welters; hacía decenios, creo, que no veía un combate de boxeo, desde mi infancia, cuando me encantaba ver imágenes de las victorias de Cassius Clay, antes de convertirse en Mohammed Ali, y, en España, al mítico José Legrá.

Ha sido un sábado, extraño y variado, y muy cervantino, pues se han aunado las armas y las letras.

23 de marzo

Una mañana de domingo de absoluta tranquilidad, de música y lectura, en casa de Amalia, en El Tambo, para culminarla con un almuerzo sabrosísimo y agradable, en un ambiente muy poco común, el de ‘Los Hornitos de El Tambo’, un restaurante de carretera, a unos quinientos metros de la casa de Amalia, situado entre frutales y con los Andes, al fondo.

Qué platos tan exquisitos y qué amabilidad y simpatía la de su personal, en este típico y tranquilo merendero, en medio del valle.

Después de una siestecita, por la tarde, continúo con la lectura de la Orestiada.

24 de marzo

Ya antes, aquí, en España, había participado en la organización de algunos encuentros literarios de cierta envergadura, por ejemplo, la convocatoria de ‘Voces del Extremo’ en Madrid, el año 2014, pero nunca había tenido la oportunidad de presenciar desde dentro (y participar, en él, de modo puntual) el enorme trabajo que supone la organización de un festival internacional del tipo de ‘Vino y Poesía’ en el valle de Colchagua, y el montón de detalles y gestiones que hay detrás de ello, y más, cuando se hace en una zona rural de uno de los países más alejado del resto, y de los centros culturales tanto nacionales, como internacionales, en el más austral de todos los territorios panhispánicos.

Hoy, ha sido un duro día de trabajo para este entusiasta y magro equipo, especialmente, para Amalia y Jeannette, trabajadoras incansables, sin contar el ejercicio de negociador y gestor incansable que ha desplegado, a lo largo de todo el día, Ivo. Al final, más allá de la media noche han cerrado esta intensa jornada con la programación de los cuatro días del Festival cerrada, los alojamientos asignados (cuestión nada baladí y nada fácil de resolver), la recepción de los invitados en el aeropuerto de Santiago prevista y organizada al detalle, etc., etc.

Estos días, para mí, están siendo muy educativos e instructivos, acerca de los entresijos que se esconden bajo la superficie de los eventos internacionales de estas características; lo que me ha hecho aún más comprensivo de lo que, de por sí, era ya, dada mi experiencia en la organización de eventos culturales –menos complejos, esos sí–, con los organizadores de los grandes festivales, y, aún más, si no cuentan con el apoyo y los medios de grandes instituciones u organismos públicos.

25 de marzo

Después de desayunar, hablando de todo un poco, le he dado a escuchar a Amalia, integrante de un coro de música folclórica tradicional chilena y, también, gran aficionada a la música clásica española, la hermosa Romanza que Bacarisse compuso durante su exilio, y su dulce y melancólica melodía nos ha llevado a los exilios español y chileno, y nos hemos detenido a imaginar la España y el Chile que pudieron haber sido y que la brutalidad militar no les dejó ser. Ella, con más de veinte años de obligada migración en Canadá, sabe perfectamente lo que supone el destierro para una persona.

Por la tarde, el equipo de la organización del Festival ha resuelto algunos aspectos fundamentales del mismo, pero todavía quedan algunos detalles no menos importantes por cerrar.

A la noche, tras el partido de fútbol que enfrentaba a Chile con Ecuador, que ha acabado con cualquier posibilidad de clasificación de Chile para el próximo mundial, he vuelto a comprobar –por el impacto que ha tenido la derrota en Ivo y Jeannette, y la pasión con la que lo han vivido– la importancia que tienen las selecciones de fútbol como elemento catalizador del sentimiento nacional en las repúblicas americanas, un sentimiento que afecta a todas las clases sociales, a hombres y mujeres, a todas las personas sea cual fuere su condición social, profesional o su nivel educativo; sucede igual que con otros símbolos patrióticos, como la bandera. Es algo que, a una persona como yo, para el que las selecciones nacionales y los símbolos patrióticos no poseen el menor valor sentimental o ideológico, no deja de sorprendernos; cada vez que lo experimento, como me sucedió en Buenos Aires, durante el mundial de Qatar, que ya reflejé en una de mis anteriores crónicas, veo reflejada, en estos comportamientos colectivos, la juventud de estas repúblicas, llevan doscientos años, como mucho, de historia, aún la identidad nacional y sus símbolos cuentan para sus gentes, y esto es sabido y manejado hábilmente por sus élites para el sometimiento de sus pueblos; recuerdo, por ejemplo, lo sucedido durante el mundial de Argentina, en plena carnicería.

En contrapartida, no pensada, a media noche, sin solución de continuidad, apenas, tomando unos vodkas con ginger ale, a Ivo y a mí, se nos ocurre una idea que completaría el proyecto de ‘territorio panhispánico’ que iniciamos en 2020, la creación de una revista que diera cabida y unidad a todos los eventos que lo constituyen: el Festival Panhispánico de Poesía, el Festival Extramuros de Cine-Metáfora, el Festival Internacional Vino y Poesía de Colchagua y la Fundación casa Bukowski Internacional, con la editorial (la casa matriz de todos ellos).

Además, esa revista se podría convertir en un canal de expresión para las voces más significativas del arte y la literatura concebidos y expresados en español en todo el mundo: su título podría ser ‘Constelación Panhispánica’; así, de ese modo, tan natural, paradójico y sencillo, se pasa de lo particular, de lo nacional, a lo universal, lo transnacional, y, así, supongo, se escribe, a veces, la historia de los proyectos más ambiciosos, y el proponer una lengua, en este caso, la nuestra, como único territorio reconocido por los artistas, escritores y gentes de la ciencia y de la cultura que en ella se expresan, en el que todas las fronteras, los acentos y las procedencias se difuminan y se disuelven, no deja de ser una especie de locura visionaria, una ambición realmente quijotesca.

26 de marzo

Esta ha sido una intensa jornada de trabajo; tenían que cerrarse los detalles de logística que quedaron abiertos, ayer: gestiones burocráticas, de distribución de los alojamientos y de transporte, etc.

A lo largo del día, los hemos ido solventando. Me admira la capacidad de trabajo de Jeannette, Amalia e Ivo, coordinando y dirigiendo todo este enorme volumen de trabajo que conlleva un festival internacional de poesía en una zona rural alejada de cualquier centro de poder urbano, político y cultural. Yo ayudo en lo que puedo y, sobre todo, los animo en los malos momentos. Y disfruto con ellos de los buenos, que también los hay.

27 de marzo

Hoy, hemos recorrido el Valle de Colchagua de punta a punta. Hemos ido hasta Santa cruz, capital vinatera del valle, donde se celebrará la sesión central del Festival y cuya corporación municipal, en la persona de su alcalde, paradójicamente, no ha facilitado mucho las cosas (vicisitudes de la pequeña política y de los políticos pequeños); aquí, hemos solucionado, por fin, el problema de los traslados y hemos aprovechado para visitar La Casa Suiza, el alojamiento de los invitados internacionales que pernoctarán en Santa Cruz; los demás lo harán en el valle de El Tambo.

El almuerzo lo hemos hecho en Palmilla, una población cercana de Santa Cruz, en ‘El Campesino’, una típica casa de comida casera, en la carretera, llena de trabajadores y con un personal encantador y amabilísimo.

La sobremesa ha sido larga y productiva, pues hemos aprovechado para ir cerrando otros detalles memores pendientes.

La vuelta a El Tambo, con buena música y buena temperatura, ha sido muy agradable y nos ha confirmado a Ivo y a mí en nuestro sueño de hacer la ruta del Sur, en la Patagonia chilena, hasta el final del continente.

28 de marzo

Esta mañana, tras el desayuno con la vista puesta en los Andes, como cada mañana, he continuado con la lectura y estudio del ciclo de la Orestiada y creo que cada vez tengo más claras las líneas por donde debería ir el futuro guion, que será la base para el trabajo artístico de Miguel Ángel.

Luego, me he puesto con la ponencia sobre Leopoldo María Panero que expondré en la sesión del jueves del Festival, en Santa Cruz. Creo que les va a gustar el enfoque de la misma, pues trataré de descubrirles, a partir de la excelente lectura que Jenaro Talens hace de la parte inicial de su obra (hasta principios de los años noventa), un aspecto de la misma que la mayoría desconoce (también en España), la naturaleza esencialmente política de la misma.

Poco antes de la hora del almuerzo, han llegado Ivo y Jeannette a El Tambo, cargados de una buenísima merluza, almejas, tomate, patatas, huevos, cilantro y guindillas, para preparar un caldo chileno, con las cabezas, y unas rodajas preparadas al vapor, junto con puré o unas papas enteras cocidas.

Después del sabroso almuerzo y una entretenida sobremesa, hemos continuado trabajando en algunos aspectos ya muy concretos de la organización del Festival, detalles que nunca acaban de perfilarse del todo o que aparecen de improviso.

29 y 30 de marzo

Este sábado y este domingo son el último fin de semana previo al inicio del Festival, hay que cerrar ya los detalles que quedan pendientes, por pequeños que parezcan, pues cada uno de ellos puede afectar a la correcta marcha del mecanismo entero.

Pero también es tiempo de dedicarse a uno mismo, antes de que comience el torbellino de actividad que nos espera, así que Ivo y yo hemos decidido ir a una barbería a arreglarnos el pelo, el lunes, no habrá ya más oportunidad de hacerlo.

Primero, lo hemos intentado en San Fernando, imposible; una de las barberías cerraba en el momento en que llegábamos y la otra estaba atestada, así que nos hemos dirigido a Chimbarongo, la ciudad del mimbre en la región, una población de apariencia tranquila, ordenada y próspera. En estos paseos por las ciudades en busca de supermercados, tiendas y barberías siento ese genuino placer de tomar el pulso real a la vida de las mismas, algo que tanto me gusta, cuando viajo; ya he visto en mi vida demasiados monumentos de piedra, a mí me interesa el gran movimiento de la vida cotidiana, de las gentes en su trajín diario para ganarse la vida, el derecho de existir: ese vivo bullir que define, de verdad, una ciudad. Me encanta apreciar los detalles: esa señora con andador que, cojeando, con un esfuerzo cansino y una sonrisa en los labios, va y viene, fatigosamente, con su canuto en los labios, por los estacionamientos de alrededor de la terminal de autobuses y del mercado, ganándose unos céntimos para sobrevivir y que, a voces, grita a un compañero, ‘gorrilla’, como ella, que como la marihuana no hay nada para alegrar y consolar el corazón.

O el caso de Salvador, el artista barbero de Chimbarongo, al que estábamos destinados a encontrar Ivo y yo, ese día. No conocíamos la ciudad ninguno de los dos, Ivo solo había ido un par de veces a unas gestiones rápidas y yo, nunca. Habíamos preguntado varias veces por una barbería a los vecinos que nos encontrábamos por el camino, hasta que unos jóvenes nos hablaron de dos, en la misma calle en la que estábamos, una más cerca que la otra, de modo que, felices, nos encaminamos hacia la más cercana, aunque, finalmente, la que encontramos fue la más alejada y la más escondida de las dos; nos habíamos pasado la más grande, la mejor anunciada y más vistosa.

Atravesamos el patio interior, al fondo del cual se encontraba el local, un patio solitario y en completo silencio. No era, evidentemente, la que nos habían indicado, pero era la debíamos encontrar. Miramos por la cristalera y había un joven ‘perroflauta’ plácidamente dormido en el único sofá del local, cuando entramos, la música rock, procedente de la pantalla del televisor del fondo, en la que se reproducían, unos tras otros, viejos videoclips de la MTV de los ochenta, retumbaba de modo atronador por la pequeña estancia.

Al despertarse, sobresaltado por nuestra presencia, Salvador, el barbero, reacciona con rapidez y se coloca su gorro negro de lana, mientras se levanta y nos saluda, con sus tatuajes negros, su camiseta negra y sus pantalones y zapatos negros; la verdad es que, con sus pintas, no pretendía engañar a nadie.

A las primeras indicaciones de Ivo, responde con los primero rápidos cortes, ha captado inmediatamente lo que este le pide, pero, al poco, para y sale a por unas cervezas, nos dice, y nos deja solos. Tarda unos minutos, después de los cuales, aparece con varias botellas grandes de cerveza y vasos de plástico, invitándonos a beber y a brindar con él.

Entre brindis y brindis, nos cuenta que él, realmente, es de Santiago, la capital, que es artista y gestor cultural, que posee y dirige una galería de arte urbano y que viene los fines de semana a Chimbarongo, a la peluquería de un amigo, a despejarse y descansar de la agitación de la urbe y a ganarse un dinerito, que nunca viene de más, al tiempo que no olvida su profesión de barbero, que ama y no quiere dejar del todo. Me encanta el juego de maquinillas y navajas que tiene, tipo art-deco, con mangos de bronce.

Cuando concluye la tarea, Ivo se muestra satisfecho y terminamos las botellas de cerveza, cerramos el local y vamos a comer juntos a un restaurante especializado en platos del país, Ivo y yo, pulpo, y él, cebiche al estilo chileno. Cuando nos despedimos, después de la sobremesa, Ivo y él intercambian sus tarjetas, a Ivo le gusta la pasión emprendedora y la visión artística que de la gestión cultural tiene Salvador, pero, sobre todo, su voluntad de no ser un ladrillo más en el muro, su deseo de dejarse arrastrar por sus sueños y poner la vida en ellos, con la exacta conciencia de que solo tenemos una vida para cumplirlos.

Es el paisaje humano que busco, es el momento de la existencia real de las ciudades, como decía antes, lo que me interesa del viaje, apreciar esas joyas casi imperceptibles que en ese paisaje resaltan y no pasar por alto esos momentos y esos seres valiosos que encuentras.

31 de marzo

Día de vísperas, la suerte está echada; es una jornada, para mí, tranquila, de estudio y lectura; lo poco que he podido hacer por ayudarlos lo he hecho. Ivo, con Jeannette y Amalia, repasan, una y otra vez, la programación, el orden de intervenciones, los traslados, las llegadas y los alojamientos, que esté todo listo y preparado.

El momento más especial para mí llega por la noche, el cielo está despejado y la atmósfera limpia, salgo a la trasera de la casa de Amalia y, entre los naranjos, miro hacia arriba y, justo encima de mí, están la Cruz del Sur y las Alfa Centaruri; me encanta verlas, cada vez que vengo al hemisferio austral, es una hermosa flecha cósmica en el firmamento. Y me recuerdan qué distintos son los cielos del norte y del sur.

1 de abril

Hoy se ha inaugurado el III Festival Internacional ‘Vino y Poesía’ del Valle de Colchagua, la ceremonia ha tenido lugar en el campus especializado en ciencias y disciplinas enológicas de la Universidad de Talca en Santa Cruz.

Ha habido intervenciones protocolarias, académicas y políticas; un breve acto en torno al poeta homenajeado en esta edición, Manuel Silva Acevedo, que ha recitado varios de sus poemas, y en el que yo mismo también he tenido el honor de participar, leyendo –y dedicándoselo, por supuesto– uno de sus poemas, que previamente había seleccionado de una de sus antologías; y, por supuesto, las intervenciones de María Juliana Villafáñez y Walberto Vázquez, en nombre de la delegación llegada de Puerto Rico, país invitado en esta edición.

Ha habido buen vino del valle, cómo no, y un sencillo, pero sabroso piscolabis, ofrecido por la Universidad, nos hemos dado los primeros abrazos y nos hemos presentado, unos a otros, a los compañeros y compañeras que no conocíamos; y nos hemos reencontrado con los que y las que ya conocíamos. En fin, ha sido una sesión agradable y entretenida, pues ha sido amenizada por el grupo de folclore al que Amalia pertenece, de El Tambo, y por un grupo de danza formado por los alumnos de Primaria de un colegio público del Valle, que han cerrado el acto con danzas y cantos chilenos tradicionales, entre las que no podían faltar las cuecas.

Pero lo que me ha causado una impresión penosa han sido las intervenciones de algunos políticos, como el alcalde de Santa Cruz, al que he tenido a mi lado, casualmente, durante la ceremonia y al que he podido señalar la incongruencia de su presencia allí, cuando él mismo retiró, hace una semana, en el último momento, la cantidad comprometida con el director del campus para el hospedaje de los invitados internacionales que se alojan en su ciudad; políticos así los hay, desgraciadamente, en todas partes.

Sin embargo, al final, lo que queda y quedará para siempre es la sensación del buen trabajo hecho por la organización, en las condiciones en que lo han realizado, y el encuentro con los compañeros y compañeras que compartiremos estos días cordiales: aparte de los nombrados, María Juliana, Walberto y el propio Manuel Silva; con Celeste Verges, el gran Reynaldo Lacámara, Eduardo León, los no menos grandes Ivanhoe García y Pablo Mackenna, Luis Alejandro Henríquez (alias, Optaciano), Reyes Natalia Jaramillo, que conozco desde los encuentros de Edita, en Punta Umbría, España, y con la que coincidiré en Bogotá, dentro de un mes y pico; también, con las encantadoras Pata Coche y Catalina Halles, maravillosas compañeras, que conocí en mi anterior visita a Uruguay; con Martha Grondona, Ileana García, la NiñaAzul nicaragüense de Canadá, Mairyn Cruz, Luis Enrique Romero, Ricardo Wilson, Mireya Machí, española de Rancagua, la chamana Aimaitea Álvarez, con su pandero y sus cantos tradicionales, y el joven uruguayo Diego Cansino, o Gregorio, compañero inesperado, fuera de programa.

Un elenco magnífico, heterogéneo y rico, que representa, de modo cabal y fidedigno, los distintos territorios y acentos panhispánicos que Ivo y yo soñamos congregar.

2 de abril

Si ustedes desean ver materializado el Capitalismo, si no lo comprenden o les gustaría verlo concretado, ante sus ojos, en cemento, madera, hierro y cerámica; encarnado en forma de espacio urbano, suban a Sewell, la ciudad minera en altura (a unos 2.200 m de altitud) más populosa que ha habido en la historia.

Sewell empezó a ser construida en 1904 por las empresas norteamericanas dueñas de la explotación de la mina de cobre más grande del mundo, El Teniente, desde finales del siglo XIX, hasta su nacionalización. Está situada en plena cordillera de los Andes, a unos 150 km al sur de Santiago y a poco más de 60 km de la ciudad de Rancagua. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2006.

Su nombre primitivo fue El Establecimiento y más tarde El Molino; el nombre de Sewell data de 1915; hoy día, es propiedad de ‘CODELCO División El Teniente’, empresa pública que se encarga del mantenimiento y de las visitas turísticas a lo que queda de ella, el diez por ciento, aproximadamente, de la ciudad que fue (en los años sesenta del pasado siglo llegó a tener más de quince mil habitantes). Ya solo quedan en pie los edificios construidos a más altura, los más robustos y duraderos: lo que era la zona noble de la ciudad, por decirlo así: los edificios administrativos y sociales de la elite, el cine y teatro, la bolera, denominada ‘palitroque’ por los lugareños, el hospital, los laboratorios, etc., así como los bloques de viviendas en los que residían los habitantes del Rol 1, esto es, la elite norteamericana, con sus familias; pues Sewell estaba estrictamente dividida en tres zonas y sus habitantes en tres roles: el Rol 2 lo constituían los ingenieros, técnicos y el cuerpo administrativo ‘aborigen’, esto es, chileno; y el Rol 3, ya se lo pueden imaginar, la chusma del proletariado ‘aborigen’, también, por supuesto–, los mineros. En Sewell, no había calles, solo escaleras, físicas y sociales, duras de transitar, especialmente, hacia arriba.

Las normas que la regían eran tan estrictas, que el contacto entre miembros de los distintos roles era imposible, así como entre las mujeres y hombres del Rol 3 no vinculados por lazos de matrimonio.

En los restos patrimoniales de esta ciudad única y singular se desarrolló la sesión del segundo día del Festival. De modo que, tras una visita guiada y un tentempié ofrecido por CODELCO, nuestros anfitriones, nos dirigimos a la plaza que se abría ante la fachada del cine y teatro de la ciudad, y, allí, en plenas cumbres andinas, recitamos nuestros versos.

En mi caso, recité un poema dividido en tres partes dedicado a Salvador Allende, a Víctor Jara y todas las víctimas del golpe militar, y al exilio chileno, simbolizados por la destrucción del Palacio de Moneda, en 1973. Fue emocionante para mí y para las compañeras y compañeros chilenos, sobre todo, el que me acompañara en el recitado con su pandero y sus letanías ancestrales la compañera, y ya entrañable amiga, Aimaitea Álvarez.

Una jornada y una experiencia única e inolvidable, en muchos aspectos. A la vuelta, nuestra bajada de las cumbres coincidió con el cambio de turno en las distintas galerías de la mina y en las plantas de procesado; fue impactante ver subir y cruzarnos con los centenares de autobuses que subían a las legiones de mineros, desde Rancagua, por la empinada carretera de acceso.

3 de abril

La jornada de hoy se ha desarrollado íntegramente en Santa Cruz, ha sido una intensa jornada de lecturas y comunicaciones, en el salón principal del complejo municipal de la ciudad, al que hemos accedido de modo excepcional, pues los trabajadores de la función pública estaban llamados a la huelga y el complejo se encontraba cerrado al público, custodiados por la seguridad y los piquetes informativos sindicales (a los que he deseado suerte en su lucha).

Según los turnos establecidos, me ha tocado a mí abrir la sesión de la mañana con mi ponencia sobre Leopoldo María Panero, que, creo, que ha gustado y ha abierto vías de lectura nuevas a los compañeros y compañeras asistentes.

A continuación, a media mañana, han venido a recogernos en vehículo a Pablo, a Claribel y a mí, y nos han acompañado al colegio ‘Edwin School’, en donde había programada una charla y un encuentro con un grupo de alumnos del centro. Ha sido una gozada, me encantan estas actividades escolares integradas en la programación de los festivales de poesía (y, en este Festival del Valle de Colchagua, estos encuentros son una de sus señas de identidad).

Hemos estado hablando de la escritura y de la fuerza de las palabras, y me he quedado con el nombre de uno de los alumnos, Joaquín, extraordinariamente interesado por lo que decíamos Pablo, Claribel y yo, sensible, inteligente y un gran lector, además (a un comentario mío sobre Siddhartha de Herman Hesse, ha respondido que, justamente, la estaba leyendo en esos días); estoy seguro que, con el tiempo, habrá en Santa Cruz un buen escritor. Me gustaría coincidir, de nuevo, con él, dentro de unos años, y ver qué ha sido de su vida; una buena parte del futuro literario de nuestra lengua está en chicos y chicas como Joaquín.

Por la tarde, tras el almuerzo, nos hemos reincorporado a las lecturas y ponencias de la sesión vespertina, una experiencia enriquecedora, siempre, por la cantidad de voces e ideas distintas y diversas con las que puedes contrastar tu propia voz y tus propias ideas.

4 de abril

Hoy, día de clausura del Festival, visitamos los museos del viñedo de Cardoen, en las planicies y suaves colinas de los alrededores de Santa Cruz; es una mañana de despedidas (siempre tan tristes y llenas de promesas de reencuentros). Algunos y algunas de ellas, de las nuevas compañeras y compañeros, se han convertido, a lo largo de estos días de intensa convivencia, en nuevas amistades (¡Qué decir de las noches y los desayunos compartidos en ‘La Casa Suiza’, el hostal en el que hemos estado alojados una parte de nosotros, de las situaciones graciosas y tronchantes vividas en él!…)

Sin embargo, la cosa no ha sido fácil, Ivo ha tenido un incidente en la carretera, se le ha reventado un neumático y ha tenido que buscar un transporte alternativo, de modo urgente, hasta Santa Cruz, desde El Tambo. Finalmente, lo ha conseguido y, con un poco de retraso, hemos llegado al viñedo y hemos pasado una mañana tranquila y muy ilustrativa, sobre todo, en el museo del vino, uno de los más completos del mundo, con cata incluida.

Por la tarde, cuando ya todos los invitados están de vuelta a sus casas, Ivo, Jeannette, Amalia y yo, nos tenemos que encargar de solucionar el reventón de la rueda trasera del automóvil de Ivo, que ha dejado, todo el día, aparcado en una estación de servicio cercana a la casa de Amalia, desde por la mañana. No ha sido fácil (ha habido varias idas y venidas desde El Tambo a San Fernando, en busca, primero, de un neumático nuevo –hemos encontrado, al final, el único que quedaba de ese modelo deportivo–; y, luego, de un mecánico dispuesto a acompañarnos para cambiar el dañado, por este), pero lo más relevante es que, en la resolución del incidente, ha intervenido un hecho que podríamos calificar de prodigioso: pues, cuando, por fin, hemos llegado a la estación de servicio con el neumático nuevo y el mecánico dispuesto a ayudarnos, las tuercas que ajustan la yanta al eje, no eran las propias de ese modelo; en algún momento, se las han cambiado en un taller, sin que Ivo lo supiera. El mecánico no se ha traído la llave adecuada para ese modelo de tuercas –muy raro– en su caja de herramientas. Nuestro gozo en un pozo; no vemos solución alguna a la situación, salvo regresar al taller en San Fernando, ya fuera del horario de trabajo, buscar una llave adecuada para esas tuercas y volver, de nuevo, a El Tambo, ya de noche. Sin embargo, el destino nos tiene preparada una sorpresa, hay un par de vehículos repostando en la gasolinera, el mecánico se dirige a ellos en un último gesto de desesperación, yo me doy cuenta de que uno es una camioneta con un remolque, y que en su caja lleva como artilugios mecánicos, justo cuando su conductor le pregunta a nuestro mecánico que qué es lo que busca, este le contesta y él se dirige al remolque, lo abre y resulta ser un taller rodante, con toda clase de herramientas y llaves de todos los calibres y modelos; el destino se ha confabulado a nuestro favor, no he dicho que Ivo se había confundido de cruce, al venir, y hemos tenido que dar un rodeo para llegar a la estación de servicio; esto es, que, si Ivo no se hubiera equivocado, no habríamos coincidido en ese preciso instante y en ese preciso punto con la camioneta y con el conductor salvador. A veces, suceden estas cosas, nos decimos, agradecidos a los hados. Ivo nos confiesa que, en la gasolinera, había estado rezando por la milagrosa resolución de aquella aparentemente irresoluble emergencia.

Por fin, con el neumático nuevo y dispuesto, después de devolver a nuestro mecánico a su taller, en San Fernando, volvemos a El Tambo, es el sexto viaje de ida y vuelta que hacemos, y nos dirigimos a la casa de Amalia. Vamos muy cansados, pero muy satisfechos; los cuatro nos congratulamos de lo conseguido, del éxito del Festival y del regalo que nos han hecho los dioses de las carreteras.

5 y 6 de abril

Fin de semana de descanso y relax. Amalia y yo nos hemos dirigido, una vez más, a ‘Los Hornitos de El Tambo’, en busca de sus sabrosos platos y su cariñoso servicio, tanto de Macarena, su extraordinaria chef, como de Carol, la amabilísima y atentísima camarera.

Comer en esta compañía, frente a los árboles frutales de la llanura y los cordones andinos en la lejanía, es un auténtico regalo de la vida y de los dioses viajeros.

7 de abril

Hoy, es el cumpleaños de Amalia y me ha invitado a desayunar a su pastelería favorita de San Vicente, un local encantador cerca de la hermosa plaza del pueblo, el más cercano a El Tambo. Había mercadillo y estaban preparando la decoración para la fiesta de la vendimia.

Ya en casa, comienzo la planificación del viaje a Santiago, a mediados de mes. He quedado con Reynaldo Lacámara en ir con él a Isla Negra; también me comprometí con Theodoro Elssaca en que nos veríamos en la capital, por esos días. Además, deseo conocer a Paulina, una amiga y colaboradora de César de Vicente Hernando, uno de mis grandes compañeros y mejores amigos, fallecido en la Universidad de Almería, en enero de 2022, que visitó y trabajó en Santiago, en distintas etapas, a lo largo de la primera década de este siglo. He calculado una estancia de cinco días.

Tras un almuerzo frugal en esta casa maravillosa, entre naranjos y un silencio absoluto, con la cordillera frente a mí, retomo la lectura y análisis de la Orestiada.

Por la noche, en compañía y por mediación de Ivo, sostengo una interesantísima conversación sobre la situación política de Chile con varias personas implicadas en la vida partidaria del Partido Socialista y en el mundo de la administración local y regional.

En América, les digo, mi impresión es que la dialéctica fundamental no pasa por izquierda versus derecha, sino élites versus mayoría social y les recuerdo la afirmación del senador Castro, hace una semana en Rancagua: en el Partido Socialista se da también una indudable forma de la lucha de clase entre élite y mayoría. Y, en las élites, ya sean de izquierda o de derechas, no veo el menor rastro de conductas encaminadas al ‘bien común’, salvo en contadas excepciones. No hay proyectos ‘de país’, por decirlo así, sino solo de supervivencia en el poder y de gestión de sus entornos económicos e institucionales para el mejor aprovechamiento de los mismos en su propio beneficio. Y cuando hay un proyecto que trata de remover o cambiar algo en ese endémico entramado depredador y extractivo, esas mismas élites, con la ayuda de Estados Unidos y de los poderes financieros internacionales, lo impiden, lo invalidan y lo eliminan. Véase lo que está sucediendo ahora mismo en Colombia con Petro, o lo que ha sucedido históricamente en el Cono Sur y Centro América.

8 de abril

Hoy, Ivo me ha ayudado a resolver el tema de los alojamientos en Santiago, para mediados de mes, y con los de Bogotá, para la semana anterior al comienzo del Festival Internacional al que asistiré; quiero aprovechar para ver a los amigos bogotanos, Esteban y Ayrán, tranquilamente, antes de que comience el mismo y disfrutar, de paso, de La Candelaria, mi barrio preferido de la capital colombiana.

Justamente, esta misma mañana, me ha llamado Rafael del Castillo, director del Festival Internacional de Poesía de Bogotá, para ver si deseo participar en el homenaje a Rabindranath Tagore, que la Embajada de India y el Instituto Caro y Cuervo están organizando en la víspera de la inauguración del Festival bogotano.

Por supuesto que acepto: Tagore y el Instituto Caro y Cuervo en el mismo acto, es una oportunidad única. Tagore, desde mi adolescencia, y el Instituto, como filólogo, poseen significados especiales para mí. Los viajes te deparan este tipo de sorpresas increíbles.

Por la tarde, acompaño a Ivo a su encuentro con el representante en la región de O’Higgins del ministerio de agricultura, que venía, a su vez, acompañado de un periodista colaborador suyo, muy informado de la situación en España.

El tema de la conversación con él, mientras Ivo y el CEREMI de agricultura trataban sus asuntos, ha sido la división de la izquierda, tanto en España, como en Chile. Maldición que nos persigue, una especie de pecado original culpa de la ceguera y la estupidez de los dirigentes de las distintas facciones, prisioneros de sus pequeños mundos, que no ven más allá de sus respectivos sillones y poltronas. ¡Si escucharan alguna vez a la gente!…

9 de abril

La mañana ha sido un tiempo de tranquilidad y estudio, la he dedicado a la Orestiada, a estas alturas, trato de dilucidar la exacta posición de Clitemnestra con respecto al patriarcado; al final, me parece una aceptación a regañadientes, firme en la defensa de su capacidad para entender los signos de la realidad (en este caso el verdadero sentido las luces de las antorchas que llegan a la ciudad), así como de su capacidad para mantener el orden del estado, en ausencia de su marido Agamenón. Su posición, pues, es la de una aceptación resistente y crítica del orden patriarcal.

A la tarde, vamos a por los billetes de ida y vuelta a Santiago y, luego, nos dirigimos al restaurante peruano ‘Tierra Norteña’, en San Fernando, en donde sirven un excelente atún tataki, que es toda una experiencia para mí, con sabores y texturas nuevas y distintas de las que estoy acostumbrado.

10 de abril

Mientras desayunamos, Ivo y yo comentamos el caso de Fadir Delgado Acosta y el de su poemario premiado en dos certámenes internacionales diferentes, uno, en Costa Rica y el otro, en España (el Tiflos), presentado con distintos títulos (La temperatura exacta del miedo y Cama de hospital vista desde abajo, en el mismo año 2021) y con ligeras variaciones en algunos epígrafes y algunos versos de ciertos poemas; tal y como ha descubierto recientemente Yordan Arroyo.

Recordamos el inicio de mi ponencia durante el Festival, cuando elogiaba a los artistas y escritores que optaban, como Leopoldo María Panero, por la escritura y la coherencia y sentido de la obra, frente a la carrera literaria o el éxito y el reconocimiento, que me parecen, y habitualmente lo son, de un modo objetivo, los más valiosos, desde un punto de vista estrictamente artístico y literario.

Cuando Ivo se va a realizar sus gestiones a San Fernando, yo me quedo trabajando y aprovecho para desarrollar algunas de las situaciones e ideas que se me han ocurrido, en torno a la Inteligencia Artificial, a partir de un sueño que he tenido esa misma noche. Ya veré qué hago con ellas, más tarde.

A continuación, me hago otro té y me pongo con la Orestiada. Ivo me envía un par de obras que le han enviado para su posible publicación en Casa Bukowski, una colección de relatos y una novela corta, y me pide ayuda para seleccionar una de ellas. Al final, nos inclinamos, los dos, por la novela corta.

Por la tarde, me centro en la lectura del excelente poemario que Reynaldo Lacámara me ha regalado. Son días tranquilos, de estudio, lectura y conversaciones. Es una maravilla todo, la compañía, el lugar, los paisajes, el clima.

11 de abril

Hoy, me he dedicado toda la mañana a terminar la lectura y relectura de El papel de la piedra (2024), el magnífico poemario de Reynaldo, y he tomado las notas esenciales para una reseña del mismo, que concluiré, una vez que llegue a España, de cara a una de las revistas con las que colaboro normalmente.

Me queda iniciar la lectura de Primeras aproximaciones al lenguaje del vacío, del joven poeta mexicano, Ivanhoe García, uno de los nuevos amigos que resultaron del pasado encuentro poético. Lo hojeado, hasta ahora, me invita a una lectura reposada y atenta, creo que estamos ante una poesía ambiciosa, arriesgada, como me gusta, y de muchos quilates.

12 de abril

Hoy, sábado, hemos aprovechado, Ivo y yo, para trabajar en la antología de mi obra poética que quiere sacar en Casa Bukowski, un proyecto del propio Ivo, largamente acariciado, y que, por fin, hemos podido empezar a materializar, pues siempre habíamos pensado en que la selección la hiciéramos juntos, aunque, a partir, de su propio criterio como editor, esto es, que, en la selección de los poemas, él tuviera la última palabra, ya que conoce casi toda mi obra (me encanta, cuando un editor hace realmente de editor con criterio, y es tan poco común ya).

Al final, después de toda una mañana trabajando juntos, hemos seleccionado cincuenta poemas de los cinco poemarios publicados, hasta la fecha, y del que saldrá a finales de mayo, en Madrid, Réquiem y exaltación; de entre esos cincuenta, Ivo, como editor responsable de la antología, decidirá cuáles finalmente figurarán dentro de ella. Nos falta escoger un título y la cita previa de Maiakowski que la abrirá.

Como Amalia se ha ido a Santiago a ver a una buena amiga suya de los tiempos de su vida en Canadá, Ivo y yo hemos ido a almorzar a ‘Los Hornitos de El Tambo’, donde, una vez más, su encantador personal nos ha tratado con su habitual amabilidad.

A la tarde, hemos estado revisando y valorando una buena parte de los poemas que constituirán el nuevo poemario del propio Ivo. Él quería conocer mi opinión acerca de algunos de ellos, que le provocaban ciertas dudas.

El material me ha parecido excelente; son poemas provenientes de diversas etapas de su vida (desde el lejano 2008, a la actualidad). Hay dos bloques bien diferenciados, los que miran a su país y los acontecimientos que le afectan, y los que miran y responden a los acontecimientos provenientes de su propio mundo interior, de sus recuerdos y de sus experiencias personales, por lo que le he sugerido dividirlo en dos secciones, que podrían denominarse, una, “El mundo” y, otra, “El viajero”.

13 de abril

Ha sido un domingo muy tranquilo, después de desayunar, hemos buscado, en San Fernando, una barbería abierta: esta vez, hemos encontrado una, el joven barbero estaba acompañado por otro joven colega y, mientras atusaban a Ivo, yo he estado intercambiando impresiones acerca del Real Madrid con el joven colega del peluquero, un entusiasta madridista sanfernandino.

La comida con Jeannette ha sido, como siempre, muy agradable y entretenida. Las viandas las hemos llevado, esta vez, Ivo y yo de las tiendas y negocios cercanos a la terminal de autobuses.

En la larga sobremesa, hemos tratado, una vez más, cuestiones relacionadas con los fenómenos del plagio y del autoplagio, a partir de lo sucedido en Costa Rica y de los artículos de Yordan Arroyo.

La tarde ha continuado tranquila, llena de brindis y recuerdos compartidos, y de agradables conversaciones.

14 de abril

Hoy, lo primero que he hecho, antes de salir hacia la terminal de autobuses, ha sido responder a los mensajes republicanos de los amigos y amigas españolas; el 14 de abril, allí, es el día de la República, pues fue un 14 de abril de 1931 cuando se proclamó la memorable II República española, un tiempo de sueños e ilusiones que desgraciadamente se frustraron.

Ivo me ha llevado a la terminal, donde tomaré el autobús hacia Santiago, a las 11:00h. Antes, hemos desayunado tranquilamente en nuestro local preferido, una ‘picada’ muy popular de la misma.

A las once en punto, he emprendido el viaje a la capital; el trayecto ha sido tranquilo y su final, ha tenido un detalle inesperadamente mágico: al entrar en la terminal de Andimar, en Santiago, he visto algo que justifica cualquier viaje; en una de las estrechas callejas por las que los autobuses deben maniobrar para embocar a la entrada de la terminal, situada en la periferia de la ciudad, repleta de edificios roñosos, arruinados y abandonados, con la mirada perdida en ellos, a través de la ventanilla del autobús, me he topado, de repente con un letrero que decía “HOTEL INFINITO. tlf. xxx”. Dios, ‘Hotel Infinito’, son estos hallazgos los que justifican un viaje al otro lado del mundo. No me digan, en medio de la roña y la nada urbana, entre mugre y ruinas, un cartel se alza anunciando el INFINITO.

Sí, me digo, esta es la auténtica poesía del mundo, sin plagios ni autoplagios, sin ínfulas ni tonterías, solo una poesía inmensa, con la misma inmensidad de la vida.

Cuando salgo de la terminal, en taxi, me adentro en el ‘pequeño Caribe’ santiaguino que ha surgido alrededor de la estación de ferrocarril y la Terminal Sur de autobuses, y que tanto miedo da a las clases medias de la ciudad.

El apartamento que he alquilado por mediación de Ivo, en pleno centro de la capital, en el edificio en el que pernoctaron parte de los invitados internacionales del Festival, es cómodo y muy agradable. Hago mis primeras incursiones por el barrio, veo locales estratégicos, de comida y bebida.

Como Amalia está en Santiago, también, la llamo y quedamos para tomar algo por la zona; cuando llega, nos vamos a la calle peatonal de Ahumada, a un café muy tranquilo, donde pasamos un rato muy divertido y, después de hacernos un selfie, de recuerdo, nos dirigimos hacia la parada de taxis más cercana de la avenida principal, pues ella está con su amiga de Canadá, que no ha podido venir, liada con su equipaje, pues regresa al día siguiente, y, a mí, me esperan unos días de mucho movimiento.

15 de abril

Me encanta escuchar el rumor de las ciudades desde las alturas, sobre todo, cuando despierto de madrugada. Estoy en la planta doce de los apartamentos de Santiago-Centro que Carlos y Andrés, gestionan y dirigen; es un apartamento cómodo y tranquilo, con una vista a las azoteas vecinas y a los rascacielos de esta parte del distrito comercial de la capital. La ciudad está ahí, su murmullo llega apagado hasta mí, su perfil, como Bach, como esta tranquilidad que me rodea mientras escribo estas notas y espero al gran Reynaldo Lacámara, con quien iré, por fin, a Isla Negra, a orillas del Pacífico, donde Neruda pasó una parte de su vida.

La visita a Isla Negra, por el interior de la casa, el paseo por sus alrededores, el almuerzo en la terraza del restaurante contiguo, frente al océano, las conversaciones con Reynaldo, uno de los grandes poetas chilenos vivos, conocedor de la historia reciente y de la literatura actual de su país, además de protagonista, en muchos casos, de las mismas, como escritor, como militante por la democracia y como Secretario de la Sociedad de Escritores Chilenos (SECH), durante varios años claves, o nuestro frustrado viaje a la tumba de Huidobro en Cartagena, dejando, antes, a un lado, la casa de Nicanor Parra, en Las Cruces, todo, en fin, cada hora de este día, de la mañana a la noche, han sido inolvidables.

Ahora que estoy de nuevo en el apartamento, recién duchado y en calma, con el rumor nocturno de la ciudad entrando por los ventanales abiertos, le agradezco a Reynaldo, por WhatsApp, la jornada que me ha regalado y vuelvo a contemplar los recuerdos que he comprado para mí, para mis hijos y mis amigos, en la tienda de la casa museo de Pablo Neruda; y, al hacerlo, me viene a la mente uno de los temas de conversación que he tratado con Reynaldo y que he tocado también con Ivo en más de una ocasión, esa especie de revisión/cancelación de la figura de Neruda emprendida en Chile por una parte de la izquierda y por toda la derecha política y cultural, y me reafirmo en una convicción que ha arraigado en mí, después de años de estudio y reflexión, que no podemos juzgar el pasado por el presente, pues, si lo hacemos, no comprenderemos ni el pasado ni el presente, y, si nos ponemos estupendos y no hacemos caso de esta premisa, no quedaría en pie figura, obra o idea ninguna de la historia del arte, de la literatura o de la filosofía occidentales u orientales.

16 de abril

Hoy, se cumple el primer mes del viaje. La jornada vendrá marcada por el reencuentro con otro buen amigo y artista, Theodoro Elssaca. Hemos quedado en la Universidad Católica, para ver juntos la exposición del escultor Vicente Gajardo, notable artista y buen amigo suyo, con quien haremos el recorrido por la misma, en una de las salas de exposiciones del gran edificio principal de la Universidad, cerca de donde estoy alojado, frente al parque del cerro de Santa Lucía, en la Alameda del Libertador O’Higgins.

El encuentro con Vicente Gajardo y con su obra, en piedra, ha sido otro de esos acontecimientos que justifican los viajes, uno más de los que estoy viviendo, en estas semanas. Su obra en piedra, sin concesiones a la galería, resulta una geometría sólida, con voluntad de eterna permanencia, que afirma un diálogo posible y emocionante entre mente (humanidad) y materia (mundo).

El ser humano que descubro a lo largo de la jornada, con él y con Theodoro, que nos ha presentado y nos ha permitido conocernos, está a la altura del artista y de su obra, algo que no sucede siempre, la obra, en muchos casos, está por encima del artista. Vicente es una persona amable, sencilla y auténtica, con quien establezco un lazo fraternal inmediatamente. Le agradezco a Theodoro Elssaca el que me haya dado la oportunidad del encuentro con él.

La comida juntos, en el restaurante situado en la cava del edificio principal de la Universidad, a donde nos lleva Theodoro, confirma las impresiones iniciales y resulta muy amena; en ella, me entero de que actualmente Vicente vive y tiene su taller en Rancagua, la capital de la región en la que estoy viviendo yo también, como quienes hayan seguido esta crónica, saben.

Una vez finalizada la sobremesa, nos dirigimos hacia el Museo de Bellas Artes a través del tranquilo e inconfundible barrio de Lastarria, donde nos vamos deteniendo en los distintos puestos de artesanos y anticuarios, y entramos en la parroquia de la Veracruz, incendiada durante el ‘estallido social’, en 2019, y que ha quedado como testimonio vivo de aquel momento, en el que la Iglesia Católica constituyó uno de los símbolos de poder con el que había que terminar.

Frente al Museo, Vicente se retira a realizar unas gestiones personales y Theodoro y yo entramos a visitarlo. En sus salas permanentes, Theodoro me ha puesto en contacto, por vez primera, con la obra de Raymond Monvoisin, un pintor francés, llegado a Chile, que influyó notablemente en la pintura oficial decimonónica chilena; me ha interesado, especialmente, un excelente retrato de Andrés Bello, prócer americano y uno de los padres de la lingüística moderna para nuestra lengua: como filólogo, me ha emocionado contemplarlo.

A continuación, hemos estado en la gran sala en donde se ha montado una exposición testimonial sobre la matanza de El Chaco, al norte de Argentina, en 1924, conocida como la ‘Masacre de Napalpí’, cuando centenares de personas de los pueblos originarios fueron asesinadas impunemente por el ejército.

A la salida del museo, hemos quedado con Vicente, que ha concluido sus gestiones y, ahora, es Theodoro el que se tiene que ir, pues está en medio del montaje de una exposición fotográfica suya y ha quedado con sus ayudantes; me despido de él agradeciéndole, una vez más, su hospitalidad y acogida; es sin duda un gran amigo y anfitrión.

Solos Vicente y yo, nos dirigimos al encantador barrio de Lastarria, Vicente conoce un restaurante español ‘auténtico’, me dice, en donde sirven buenos platos del país de origen de los antiguos dueños, una familia de origen vasco, y, en efecto, así es, yo lo puedo certificar.

La conversación, durante la cena, ha versado sobre el arte y las diversas posiciones que el artista puede elegir frente a su obra y respecto de su posición en el campo artístico y sobre los riesgos que corre cuando no se adapta a las condiciones exigidas por el mercado; hemos coincidido, ambos, en lo fundamental: la independencia del artista conlleva un coste inevitable, a menudo, la exclusión del canon y la marginación.

Terminada la cena y su agradable sobremesa, Vicente me acompaña, a través de Lastarria, de nuevo, hasta cerca de la Biblioteca Nacional, en donde, por la mañana, antes de encontrarme con Thedoro en el patio central de la Universidad Católica, tuve la ocasión de entrar y preguntar por la exposición en torno a la figura de Gabriela Mistral que se anunciaba en su fachada principal.

En fin, mientras bajo por la alameda de O’Higgins, hacia el apartamento, pienso en que esta ha sido otra fenomenal jornada más en Santiago, ciudad que estoy redescubriendo y disfrutando, como no he podido hacerlo en las dos o tres ocasiones anteriores.

17 de abril

Hoy, he quedado con Paulina, persona muy querida por mi añorado compañero y amigo César de Vicente Hernando, desaparecido hace algo más de tres años. Es una joven amable e perspicaz, es actriz y dramaturga, hemos recordado juntos a César, su calidad humana e intelectual y, paseando por las calles peatonales del centro, nos hemos dirigido, poco a poco, a Lastarria, de nuevo, en una de cuyas terrazas hemos pasado unas horas muy entretenidas, entre recuerdos del amigo perdido y los músicos callejeros que han ido amenizando el almuerzo y la sobremesa: una cantante algo tímida pero excelente, un flautista y, finalmente, una pareja de ‘chinchineros’, hombres tambor, típicos de Chile, que jamás había tenido ocasión de ver en acción; me ha impresionado sus volatines y giros vertiginosos, sin perder el ritmo ni el equilibrio en ningún momento.

Paulina me ha comentado su intención de regresar a Madrid para continuar la catalogación y ordenamiento de la impresionante biblioteca personal de César en su casa de Ciempozuelos, Madrid: una auténtica mina para los futuros investigadores de la literatura y la dramaturgia española, hispanoamericana y europea del siglo XX. Esta es una labor que ya había comenzado, pero que la burocracia migratoria española le impidió continuar y concluir.

Me emociona el empeño de esta joven por mantener vivo y operativo, desde el otro lado del mundo, el legado intelectual de César; mientras regresamos hacia la calle Serrano, en donde está mi apartamento y la boca del Metro que mejor le viene a ella, nos paramos en la Biblioteca Nacional, que estaba a punto de cerrar y me ha mostrado algunas perspectivas de la misma, brevemente, que se me habían pasado a mí, el día anterior.

Junto a la boca del Metro de Universidad de Chile, nos hemos despedido, emplazándonos a seguir nuestro contacto y el empeño en la defensa y difusión del legado de nuestro común amigo.

Mañana, regresaré a San Fernando, al Valle de Colchagua y a El Tambo, enormemente satisfecho de mi visita a Santiago. Ahora, creo, entiendo mejor esta ciudad y su dura superficie, apenas arañada en mis anteriores estancias, se ha ido abriendo, mostrándome algunas de sus partes más blandas y amables, lo que me ha reforzado en la idea de que la paranoia por la seguridad delas clases medias de La Dehesa, Las Condes y Providencia, alimentada por la propaganda y la TV, no se corresponde a la realidad real de la ciudad, que tiene problemas de seguridad, claro, pero ni mucho menos los que se pretenden y se publicitan desde la TV y los medios.

18 de abril

Hoy, al regresar a San Fernando, he debido esperar, en la Terminal Sur de la Alameda, un buen rato a que saliera el autobús hacia Talca, en el que viajaría. Así que he pasado casi una hora en los andenes reservados a la compañía Andimar; y, durante esa hora, me ha dado tiempo a observar las idas y venidas de los viajeros, la mayoría migrantes, señalados no tanto por sus aspectos raciales o étnicos, sino, sobre todo, por los enormes fardos, bultos, bolsas y maletas que acarrean consigo. Sus rostros transparentan, por lo común, temor y esperanza, a partes iguales; y sus gestos tímidos, a la hora de preguntar por un andén o una hora determinada, o por el precio de una potencial carrera en taxi a un impreciso destino en el extrarradio de la capital, denotan una incertidumbre comprensible ante el desconocido territorio al que arriban.

Al llegar a San Fernando, me encuentro con Ivo, que ha venido a recogerme para ir a comer donde Jeannette, tras unas breves compras.

Por la tarde, Ivo me lleva a El Tambo, a casa de Amelia, que regresó de Santiago dos días después de encontrarnos en la capital. Ella se encuentra con su familia en un karaoke celebrando el primer día festivo con motivo de la Semana Santa. Yo deshago el equipaje y me preparo un té, y me pongo, en la tranquilidad y el silencio que me rodean, a escribir estas notas correspondientes al día de hoy y repaso las de los días anteriores.

19 de abril

Este Sábado Santo lo hemos pasado en Rengo, una comuna, en su día, pujante e industrial, que, tras una profunda crisis, durante los años noventa del pasado siglo, perdió prácticamente todo su tejido productivo.

Hoy en día, vive de la fruta y comercio, sostenida por una población trabajadora que se desplaza, sobre todo, a Santiago a trabajar, cada día, con trayectos de más de una hora y media, si todo va bien.

Su nombre procede de un cacique mapuche llamado Renkü, el ‘bravo entre los bravos’; y su plaza y bulevar central constituyen el corazón del ocio y la actividad diaria del pueblo. Es una arteria limpia y urbanizada repleta de terrazas de heladerías, pastelerías y restaurantes. Nosotros hemos almorzado en uno italiano y nos hemos tomado el café con unos apetitosos postres en una de las pastelerías de la plaza.

Nos ha sorprendido agradablemente el ambiente tranquilo y atrayente que se desprendía del corazón de esta comuna que no conocía aún. Ya caída la tarde, nos damos un paseo por el amplísimo recinto, en uno de cuyos extremos, una secta evangélica, de las tantas que han proliferado por toda la América hispana (habría que preguntarse por qué), remacha su cansino mensaje, para finalizar con una llamada al donativo.

En El Tambo, ya de vuelta a casa de Amalia, retomo la lectura del librito de Antonio Cordero, Zen bombardier, que había casi olvidado (lo he traído para los trayectos en avión, pero me apetece recuperarlo esta noche), quiero recuperar ese sentido del paisaje humano de los viajes, quiero dejarme llevar por la pregunta que me ha venido rondando en el trayecto desde Rengo a El Tambo, ¿qué huella están dejando en mí los habitantes de los diversos espacios que he atravesado, hasta ahora, cuál sería el paisaje humano que compondrían…? Contemplo el oscuro perfil lunar de los Andes contra la noche, su majestuosa calma, levanto la mirada a la Cruz del Sur y avanzo una respuesta: acaso aquí se encuentre el secreto, en esta separada y silenciosa serenidad de la infinita longitudinal llanura, entre la inmensa cordillera y el océano, lejos de todo, apartado de todo, salvo del silencio y el sentido de la acogida.

20 de abril

Hoy, Domingo de Resurrección, he recibido una lección práctica de política y me la ha dado un miembro del lumpen proletariado sanfernandino.

Por la mañana, han salido los resultados de una macro encuesta sobre las expectativas de voto para las próximas elecciones presidenciales de noviembre. Según esta, a la segunda vuelta irían las candidatas de la derecha y la ultraderecha, la izquierda ni está ni se la espera, mientras sus líderes andan a la gresca.

Bachelet, la única que podría dar la vuelta a esos resultados, en opinión de muchos analistas, ha renunciado a participar en esta carrera, después de haber salido escaldada de su periodo presidencial y tener, en estos momentos, como objetivo la secretaría de las Naciones Unidas.

Por la tarde, una persona que se gana la vida en la calle limpiando los vehículos de la vecindad, por dos ‘lucas’ (2€), con un par de trapos y un cubo, nos ha confesado a Ivo y a mí, a las puertas de la casa de Jeannette, mientras limpiaba sus coches, que él no vota, pero que, en las próximas elecciones, votará por la ultraderecha, y ha justificado su intención con la misma lógica implacable de los habitantes de los barrios más ricos de la capital, de La Dehesa o de Las Condes, cuyos intereses económicos y cuyos representantes políticos son los causantes últimos y reales de su pobreza. Él votará a la ultraderecha a causa de la seguridad y del miedo a los inmigrantes que llegan de otros países de América, sobre todo, de Venezuela y lo hará a favor de la ‘mano dura’, contra la aparente inacción del actual gobierno, nos dice.

El rumor sobre el desplazamiento de grupos de delincuentes organizados desde Colombia y Venezuela, y, más recientemente, de miembros del cartel de los Zeta, desde México, ha calado entre los más pobres y ha asustado mortalmente, asediada por la TV, a la población chilena, que ha sido una sociedad relativamente tranquila, también en este aspecto, y que, ahora, confunde migración económica con delincuencia, ante la falta de respuestas y la confusión en la que se desenvuelve el gobierno de coalición de Boric.

Es lo de siempre, la ultraderecha crece por el miedo, sí, pero también, sobre todo, por la torpeza y la división de la izquierda, pues ¿cuál está siendo la respuesta de los partidos que apoyan al actual gobierno…? En efecto, lo han adivinado, dividirse aún más.

21 de abril

La jornada de hoy ha sido tranquila, dedicada al trabajo, el estudio y algunas gestiones y cuidados personales, en la tranquilidad de la casa de Amalia. La Orestiada, por una parte, y Bach, por la otra, parecen una combinación muy recomendable.

Esta mañana la atmósfera estaba tan limpia que se podían apreciar hasta tres cordones de los Andes, por encima de la precordillera. Son días parecidos a inesperados regalos de la vida, que te permiten rehacerte por dentro y por fuera.

22 de abril

Después de desayunar, ha entrado a casa de Amalia, Ivo, con ese imbatible torrente de vitalidad que le caracteriza, en su chorro de voz y en su limpia curiosidad, cuando pregunta por cómo han recibido los perrillos que merodean por los alrededores de la casa los recortes de carne que, ayer, él mismo les había comprado en el súper de San Fernando al que suele ir, y que les había traído, por la tarde, veo y siento la vida en su estado de afirmación más contundente, sencilla y verdadera; la misma sencilla y auténtica afirmación que se desborda en su generosidad para los demás y en su inmensa capacidad ejecutiva o en la visión de la poesía como una disposición hacia lo otro, a lo que no somos cada uno de nosotros mismos: ya sean sus semejantes, unos perrillos abandonados, una cordillera, un río, una flor, una canción… Esa ansia de vida, esa profunda afirmación del goce de vivir también está, lo noto, en su cansancio y decepción ante los ‘flojos’ y los egoístas que no responden a ese torbellino de acción y de esfuerzo generoso que les brinda y ofrece en cada proyecto que emprende.

Esta tarde, hemos compartido una parte de ese cansancio y sé que él lo ha agradecido.

Entre medias, ha cerrado, a base de telefonazos, la pequeña gira que vamos a hacer, a partir de mañana, por Concepción y el Bio-Bio, justo en la frontera del territorio mapuche, que dejaremos para otra ocasión. Nos iremos en tren, será la primera vez que Ivo tome el ferrocarril en Chile. La estación de San Fernando está tan desastrada, como el resto de la ciudad, que, a mí, les digo, a Ivo y a Jeannette, y se ríen, me recuerda a las del ‘salvaje oeste’ de las películas, que de tan desastradas que son, poseen un cierto encanto y extraño atractivo.

23 de abril

Hoy, nos hemos levantado temprano, Jeannette nos ha llevado en su coche, que hace meses que no conduce, a la estación. El tren llega puntualmente, llegaremos hasta Chillán y, desde allí, tomaremos un autobús, hasta Concepción. La línea, inaugurada por el gobierno de Boric, es la primera de media velocidad de Sudamérica, un continente en el que el ferrocarril fue abolido por las dictaduras y los gobiernos dependientes de Estados Unidos (en el caso de Chile, durante el periodo pinochetista), con el fin de introducir el automóvil y el transporte por carretera, que beneficiaba más a sus intereses.

Ivo se sorprende de la comodidad que encuentra y a mí me sorprende su sorpresa. Cuando vamos a tomar posesión de nuestros asientos, después de tomarnos un café en el pequeño vagón restaurante y dejar que Ivo disfrute de su gozoso encuentro con el ferrocarril de su país, se da cuenta de que junto a nosotros viaja Jorge Baradit, el gran novelista chileno que ha reescrito la historia de su país, pero desde la perspectiva de los trabajadores y del pueblo llano. Se ha presentado y me ha presentado a mí, también, y hemos charlado brevemente con él, no hemos querido molestarlo demasiado.

En Chillán hemos tomado el autobús, justo a tiempo, y hemos llegado antes de lo previsto a la terminal de Concepción, en donde Leo nos esperaba.

Leo, un gran amigo de la familia de Ivo y del propio Ivo, es una de esas personas que no tiene nada suyo, todo lo que tiene está a disposición del huésped o del amigo; se desvive por nosotros.

Las primeras impresiones de la ciudad de Concepción, la segunda en importancia de Chile, son buenas; me parece una ciudad tranquila y ordenada, muy homogénea en términos urbanísticos.

Tras recoger a Pablo Mackenna, con quien compartiremos estos días, que llega desde Santiago directamente, en autobús, nos dirigimos a casa de Leo a dejar los equipajes y a descansar un poco.

Ya recuperados, Leo nos lleva al ‘Malpaso’, local emblemático de Concepción, donde hemos quedado con Yogui, figura mítica del pop-rock chileno de los años ochenta, al que conocí el año pasado en la segunda edición del Festival del Valle de Colchagua.

Me ha hecho mucha ilusión reencontrarme con él y creo que a él también se la ha hecho, hicimos buenas migas y nos lo pasamos muy bien en Chépica. Está muy contento, me dice, por la película que han rodado sobre su vida, aunque, en estos momentos, está algo estancado el proyecto, en la fase de post-producción, cuestión de fondos, lo de siempre.

Además, está en marcha un segundo documental (ya hay uno, de hace unos años) acerca de su trayectoria musical. Yogui fue líder de ‘Emociones Clandestinas’, una de las referencias del rock chileno, y autor de una de las canciones más famosas de ese tiempo, titulada “Un nuevo baile”, la mejor de todas, le dice Pablo Mackenna, que disfrutó como un loco con ella, mientras nos tomamos un trago en la terraza del ‘Malpaso’.

Yogui está en un buen momento de su vida (complicada) y me alegro de ello. Están siendo momentos muy agradables, con gente amiga, protagonistas de sus respectivos mundos, Ivo, Pablo, Yogui…

En medio de la lluvia, Leo y yo nos hemos encargado de ir al centro de Concepción a por unas pizzas, para cenar todos sin salir del ‘Malpaso’: hemos acertado con la elección, pues se lo han comido todo, salvo los envases de cartón…

Cuando, de madrugada, por fin, me meto entre las sábanas, repasando el correo recibido, en el móvil, me doy cuenta de que hoy era el día del libro, de Sant Jordi y de Cervantes, en España.

24 de abril

Mientras estamos desayunando, en casa de Leo, llega un gran amigo suyo, Domingo, con pan recién hecho que aún humea cuando lo partimos, está delicioso; hace mucho tiempo que no tenía esta sensación de pan recién salido de la tahona.

Domingo tiene ochenta y tres años, pero desprende la energía de un joven de veinticinco. Su vida ha sido como de novela, me dice; en ella, ha tenido todas las experiencias que caben en ochenta y tres años vividos a tope, sin tregua; de hecho, en los próximos días se va a presentar un libro, aquí, en Concepción, en la que se resume –me dice, con una mirada cómplice, mientras nos tomamos el segundo café en el porche de la casa de Leo– lo que se puede contar.

A las diez de la mañana, llega a recogernos el poeta Alán Muñoz (amigo de Ivo desde cuando este estuvo estudiando y viviendo en la ciudad), psicólogo escolar del centro público ‘Nueva Los Lobos’, de Talcahuano, al que hemos sido invitados para un ‘chocolate literario’ con alumnos de doce y trece años, habitantes de uno de los barrios más difíciles de Los Cerros, antiguo asentamiento de los cazadores de lobos marinos, que hoy se ha convertido en un populoso y conflictivo distrito de la ciudad portuaria de Talcahuano, en lo alto de su bahía.

Antes de dirigirnos al colegio, Alán e Ivo me llevan a conocer la parte de la bahía que ocupa el puerto, tanto militar, como comercial. Y, de camino, nos detuvimos un instante en el jardín del estadio de El Morro, situado justo al borde del mar, en donde hay una estatua que recuerda al jugador que hizo un gol mediante la primera ‘chilena’ de la historia.

En esas estábamos, cuando Alán se da cuenta de que un objeto metálico ha atravesado uno de los neumáticos de su auto, con lo que inmediatamente nos ponemos a buscar un vulcanizado por toda la zona de almacenes y talleres portuarios, lo que me permite ver una parte del puerto y de la ciudad oculta para la mayoría de los forasteros que la visitan. Me encantan estos imprevistos que me llevan a la vida real de las ciudades, a su auténtico paisaje humano.

Finalmente, encontramos uno regentado por un mecánico perito en el asunto que arregla el pinchazo y restaura el neumático en quince minutos; entre tanto, a Ivo le da tiempo a comprar una buena pieza de bofe en una casquería cercana para dárselo a un perro abandonado que deambula por el callejón del vulcanizado; tengo amigos y amigas que aman a los animales y a los canes, en particular, pero lo de Ivo, con ellos, es muy especial.

Ya listos para continuar nuestro plan, nos dirigimos hacia la famosa puerta de los leones, la entrada a la base de la armada chilena, en donde está el ‘Huáscar’, el buque insignia y uno de los más modernos de la época, capturado a la armada peruana, en la guerra que sostuvieron ambos países; hoy día, convertido en museo flotante.

Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue la presencia junto a la puerta de los leones de un tipo de mediana edad vestido con el uniforme reglamentario de los infantes de marina chilenos, que vigila la entrada a la base, pero que no tiene nada que ver con ella. Alán me dice que es un personaje muy conocido en Talcahuano, que no hace daño a nadie y que tanto la armada, como el municipio, le permiten vivir su fantasía; un gesto que honra a quienes lo han decidido. El paisaje humano, está claro, siempre nos sorprende y nos maravilla, si estamos atentos a él, si no nos cegamos con las postales de cartón piedra, o con las cámaras y los teléfonos móviles, que nos separan del mundo y de las experiencias reales.

Por fin, llegamos a la cima de los cerros, en donde está situado el colegio. El equipo docente nos espera y nos recibe muy atenta y amablemente.

Por lo que Alán nos ha estado contado a lo largo de la mañana y la directora y los profesores nos dicen, cuando nos reciben, es un equipo docente que tiene muy claro sus objetivos y que sabe muy bien lo que hace.

Junto a ellos, estaba también Angello, del programa “Talcahuano Primero”, grabando la actividad para su plataforma multimedia, creada para la defensa de la identidad de Talcahuano y de Los Cerros, así como para la mejora de la calidad de vida de sus habitantes y por más dotaciones sociales y culturales para sus comunidades.

Cuando llegan las alumnas y los alumnos invitados al ‘chocolate literario’, inmediatamente se percibe su actitud de atenta escucha, que se mantiene a lo largo de todas las actividades que desarrollamos Ivo y yo con ellos, mientras se toman su chocolate con los dulces y las pastitas que les han servido sus profesores. Las preguntas que nos hacen y la sincera motivación que se desprende de ellas, me confirman la impresión inicial recibida, es un equipo docente de primera.

Para nosotros, les decimos, ha sido un honor y un placer compartir ese rato con un grupo tan motivado y bien preparado. Sabemos las realidades tan difíciles que viven, en sus casas y en sus barrios, pero la calidad humana que demuestran es un punto de esperanza que nos hace creer en el cumplimiento de sus destinos. Algo que reitero en la entrevista que nos hace Angello, para su plataforma, antes de partir hacia Concepción, al tiempo que lo animamos, a él, a continuar con su trabajo y su justa causa.

Al final, la directora nos entrega un recuerdo del centro, que agradecemos mucho, también, aunque el mejor de todos los recuerdos es el afecto de los chicos y chicas que han compartido su chocolate con nosotros y, en mi caso, nunca olvidaré ni perderé la humilde pegatina infantil que una de las niñas me entrega en señal de agradecimiento. Esa pegatina es quizás el regalo de agradecimiento más valioso que he recibido en un acto público, en mi vida.

Una vez que nos hemos despedido de todos, Alán, Ivo y yo, para celebrar su reencuentro, pues hace algunos años que no se ven, y el éxito del ‘chocolate literario’, nos vamos a una ‘picada’ que Ivo conoce, de cuando era estudiante, en el mercado del puerto de Talcahuano. Hemos ordenado un plato muy típico de aquí, denominado ‘Mariscal caliente’, para que yo lo pruebe y guste de texturas y sabores nuevos, pues los mariscos del Pacífico no son exactamente los mismos que en el Atlántico. Se trata, en efecto, de una caldereta con todo tipo de mariscos, algunos desconocidos para mí, como el ‘piure’, duro y de un cierto sabor metálico, semejante al cilantro.

Después de comer, Alán nos deja en el centro de Concepción, cerca del local en donde será el recital de esta tarde, en el cual participaremos nosotros dos, junto con el propio Alán y otros poetas y escritores de la ciudad.

Antes que nada, decidimos realizar un ligero reconocimiento de la zona y del espacio en el que tendrá lugar el recital: un patio mancomunado, alrededor del cual se abrían varios locales de diversos tamaños (regentados, en general, por gente joven, según pudimos comprobar, y dedicados a diversas actividades), uno de los cuales, el del fondo, era, precisamente, ‘Plan B’, el taller artesanal de libros que, por la tarde/noche, nos acogerá.

Una vez satisfecha nuestra curiosidad, emprendimos el camino, a través del centro de la ciudad, hacia la Universidad de concepción, donde Ivo había estudiado y en cuyas aulas fue alumno dilecto de Gonzalo Rojas.

La universidad entera es una maravilla, desde su vestíbulo central, en el que se erige el magnífico mural pintado por el artista mexicano Jorge Gómez Camarena, en los años sesenta del pasado siglo, titulado “Presencia de América Latina”, hasta el enorme campus diseñado bajo patrones de influencia masónica, con su esbelto ‘campanile’; todo, en esta universidad, rebosa tranquilidad, armonía y concentración.

De vuelta a la calle en donde se encuentra el local de ‘Plan B’, con el fin de descansar y hacer un poco de tiempo, paramos en un espaciosísimo local dedicado al juego de la rayuela o tejo chileno, por cuyas reglas pregunté a Ivo y a los jugadores que, en ese momento, se encontraban jugando.

Hacia las ocho de la tarde, comenzó el recital bajo los toldos y doseles de esa zona del patio común, que nos protegía de una torrencial y copiosa lluvia (en Concepción llueve mucho), que no impidió, sin embargo, la asistencia de más de una veintena de personas, alrededor de los poetas convocados, entre los que se encontraba Optaciano, otro buen compañero, con el que había coincidido en el Festival del Valle de Colchagua, los dos últimos años.

Al concluir el recital, nos fuimos, de nuevo, al ‘Malpaso’, donde había anunciada la actuación de una buena agrupación de jazz, que no nos defraudó, en absoluto; un broche de oro a otra intensa jornada.

Al finalizar la actuación, tras algunas copas, mientras que yo decidí retirarme a descansar, Ivo, Pablo Mackenna y Leo decidieron seguir, hasta bien entrada la madrugada, el rastro de la noche ‘penquista’, que es el curioso gentilicio con el que se conoce a los ciudadanos de Concepción.

25 de abril

Hoy, el desayuno en casa de Leo, con la presencia de Domingo, ha sido sumamente entretenido; en un momento, he tenido la oportunidad, en un aparte –mientras nos fumábamos unos cigarrillos y nos tomábamos otra taza de café en el porche de la casa–, de mantener una conversación con el propio Domingo sobre la corrupción generalizada y transversal que afecta a todas las repúblicas americanas y que él ha conocido muy bien, por propia experiencia, en su larga e intensísima vida. Al poco, se han unido Ivo y Leo a nuestra plática, y los tres se han mostrado igualmente escépticos en cuanto a la extirpación exitosa de este maligno tumor que destruye el tejido social, económico y político de estos países.

Al fin, nos vamos a buscar a Pablo para irnos juntos a Lirquén, al otro extremo de la bahía, a por otro típico menú de mariscos, en este caso, se trata de unas ricas empanadas que sirven en una ‘picada’ que Leo conoce; y, de paso, me mostrarán el otro lado de la inmensa bahía.

El mercadillo en donde se encuentra la ‘picada’, junto al agua, es un recinto auténtico, no está pensando para los turistas, y encantador. Frente a nosotros, se encuentra la isla Quiriquina, emplazamiento exclusivamente militar, que, durante la dictadura, fue un terrible enclave de torturas e internamiento.

Después de una entretenida sobremesa en la estancia superior del local, Leo nos lleva a la terminal de autobuses para tomar uno de vuelta a San Fernando, Ivo y yo, y a Santiago, Pablo. Allí, nos despedimos del gran Leo, anfitrión inigualable. La estancia en Concepción ha llegado a su fin.

26 de abril

Hoy, ha sido una jornada de descanso en casa de Amalia, con conversaciones tranquilas, la colada, aprovechando el viento soleado, el trabajo en estas notas de viaje y en la relectura de algunos fragmentos de Zen bombardier de Antonio Cordero, con algo de buena música y algunos refrigerios frugales pero apetitosos.

Mañana, domingo, me dice Ivo, iremos a una feria de productos culinarios chilenos, como invitados.

27 de abril

La feria gastronómica de la región se celebra en Rancagua y dura todo el fin de semana. Allí, he conocido a gente magnífica y he terminado formando parte del jurado que debía otorgar el primer premio al ‘arrollado de huaso’ más sabroso y mejor presentado.

Ha sido una experiencia interesante, pues el jurado estaba constituido por periodistas especializados y cocineros profesionales y he aprendido mucho de ellos a la hora de enjuiciar un plato y su presentación.

Entre las personas que nos han presentado, había un español de León, que es responsable de una empresa de teleoperadores, de capital español, en Santiago de Chile, que trabaja con y para bancos y empresas españolas en Colombia y Chile. Hemos hablado de las dos leyes del Capital: la búsqueda del lucro a toda costa y la necesidad de seguridad y tranquilidad social (si es con una dictadura sangrienta, tampoco importa mucho), para que esta extracción se dé y prospere. El Capital busca esclavos atemorizados en sociedades controladas, lo demás son milonga o poesía de la mala.

28 de abril

Esta mañana, he desayunado solo frente a los Andes nevados (es la primera gran nevada del otoño, en las cumbres más altas). Amalia ha tenido que salir a sus quehaceres en San Vicente.

Tras fregar los platos y las tazas del desayuno, he salido con un té y un cigarrillo a los naranjos que rodean la casa, aquí, en la llanura de El Tambo, como otras tantas mañanas, y he disfrutado del sol y del grandioso panorama que se abría frente a mí, con los bancos de niebla asentados en los valles de la precordillera y las cumbres blancas de los primeros cordones andinos, sobre ellos.

¿Es esto la vida?, me pregunto en medio de este silencio. Sí, me respondo; al menos, para una parte de los seres humanos que estamos atentos a los sencillos milagros que se nos presentan delante de nuestras narices; que no nos perdemos en la búsqueda de lo que no necesitamos, ni caemos en las trampas que se nos tienden para atraparnos y distraernos de lo esencial, del disfrute de lo sencillo y gratuito, de la amistad de los amigos y de este instante frente a los bancos de niebla y las cumbres nevadas de la gran cordillera, entre los silenciosos naranjos de la llanura.

¿Tienen todas estas sensaciones y este disfrute que ver con que provenga de una de las pocas burbujas de bienestar que quedan el mundo, Europa Occidental? ¿El que sea un jubilado de clase media, con una pensión decente? ¿Es esto lo que me ha permitido llegar a este instante? Sí, está claro, esto tiene que ver; supongo que la pobreza y la lucha por la supervivencia nos aísla de la belleza y del gozo de los instantes: una razón más para aspirar a un mundo en que todos podamos gozar de las sencillas experiencias que nos ofrece el propio mundo, si se lo permitimos, así, de un modo tan asombroso y gratuito.

Pienso en los pueblos originarios que aún no han sido inoculados del virus mortal del Capital, ellos lo saben, comprenden, están al tanto del gozo del instante y del espectáculo irrepetible de las estaciones, de los ríos, de las cordilleras y de los bosques. Me encantaría visitar una de las comunidades de la Amazonía peruana que Ivo conoce tan bien, querría, antes morir, vivir, de verdad, el mundo con seres humanos que aún viven de verdad el continuo milagro que nos rodea.

Finalmente, fuere como fuere, ahíto de belleza, entro en la casa, tomo la trilogía de Esquilo y mi cuaderno de notas, y continúo con el estudio y análisis de la Orestiada.

Ya tengo el billete para Santiago, el sábado, temprano. El vuelo hacia Bogotá sale poco antes del almuerzo. Comienzan las despedidas; durante la cena, en casa de Jeannette, sin embargo, con Ivo, aún disfrutamos de la amistad y de lo vivido juntos en estas semanas. Luego, mientras conversamos, Amalia y yo, con el último té del día en la mano, en su casa, y repasamos la jornada, me entero del apagón general ocurrido en la península Ibérica, tan parecido al sucedido en Chile, hace apenas dos meses; aquí, al calor de la estufa de leña de su salón, me llega el mismo sentimiento de bienestar de la mañana… ¿Es esto la vida? Estos amigos increíbles, esta grata conversación, con este té en la mano y el combinado de vodka y tónica, esperando el turno… Sí, sin duda, esto es la vida.

29 de abril

Esta mañana la he pasado con la lectura de la trilogía de Esquilo, ¡qué modernidad la de este ciclo de tragedias!… ¡Qué maestría dramatúrgica!… Me impresiona el manejo, en la primera de ellas, Agamenón, de dos de sus elementos constructores, el Coro y el personaje de Casandra… ¡Cuánta economía escénica hay en su enfrentamiento dialéctico!… ¡Qué eficacia dramatúrgica!…

Otro aspecto que me parece central es el hecho de que la ‘tragedia’ no está en las muertes y asesinatos terribles que se exponen ante el público, sino en su irremediabilidad e inevitabilidad, en ese fatum que atraviesa el ser mismo del drama trágico clásico, que hurta a los personajes su posibilidad de elegir.

Al concluir la sesión de estudio, he podido hablar por teléfono con mi hijo y, de entre todas las anécdotas relacionadas con el apagón del día anterior, me quedo con la más genial de todas: cuando estaban en Mercadona haciendo cola para comprar algunos alimentos fríos de cara a la cena, Mateo, mi nieto mayor, de cuatro años y medio, le pregunta a su padre… «Papá, ¿cuándo llegan los zombis?» Y, tras echarnos unas risas con la ocurrencia del niño, le he dicho a mi hijo que le dijera a Mateo, de parte de su abuelo, que los zombis estaban a su lado, que estaba rodeado de zombis, aunque él no los distinguiera aún.

Por la tarde, después de pasarnos por el principal centro comercial de San Fernando, el Mall, a por unos detalles de despedida para Amalia y para Jeannette, Ivo y yo hemos sostenido una interesante conversación sobre el coste de los sueños, de las metas que nos imponemos y de todo lo que algunos arriesgamos por alcanzarlas.

Él es una de esas personas que ponen todo lo que son y lo que tienen sobre la mesa. Le he dicho que el trabajo siempre rinde sus frutos, solo espero que en su caso sea así y cruzo los dedos.

Cuando llego a casa de Amalia, por la noche, me pongo a revisar la maqueta del nuevo poemario, Réquiem y exaltación, que Lidia, la editora, desde Lastura, me ha enviado. La maqueta luce preciosa y solo hay algunos pocos detalles que solventar; la relectura del texto, después de tanto tiempo (la última vez fue en enero), me transmite la sensación de que ha salido un gran libro, que la idea que lo gestó está plasmada, en lo esencial, a lo largo de sus páginas. Saldrá para la Feria del Libro de Madrid, a finales de mayo, cuando regrese a casa.

30 de abril

Hoy, hemos estado en Rancagua, Ivo ha quedado con un dirigente socialista y le he acompañado; antes de su entrevista, hemos ido a comer, de nuevo, a la popular casa de comidas, ‘El Quijote’, con una decoración que me recuerda a algunos de los locales típicos de Alcalá de Henares.

Durante el café con el cuadro del Partido Socialista de la región, he comprobado, una vez más, cómo los motivos personales se convierten en obstáculo insalvable para la unidad de la izquierda y la cohesión de los partidos y organizaciones progresistas; da igual el país o la latitud en la que nos encontremos.

Al final, pienso en que quizás la conciencia del estado de emergencia en el que vivimos, con el avance de la ultraderecha fascista en Chile y en todo el mundo occidental, les haga reflexionar y se concentren en el objetivo prioritario, parar ese avance.

1 de mayo

Ha comenzado la despedida. Ayer, en conversación directa con Rafael del Castillo, el director del Festival Internacional de Poesía de Bogotá, hemos resuelto los últimos detalles legales y administrativos; también, me ha dado información precisa sobre el homenaje a Rabindranath Tagore que la embajada de India y el Instituto Caro y Cuervo vana a organizar el día siete, al que he sido invitado.

La comida en ‘Los Morros’, especializado en platos frescos del mar, nos ha servido para expresar los sinceros lazos de amistad que nos unen. Amalia, Jeannette e Ivo se han convertido, en este mes y pico, definitivamente, en mi familia chilena.

Hemos brindado, además, por los trabajadores chilenos y los de todo el mundo, en nuestro día.

2 de mayo

Cierta forzosa tristeza nos ha embargado en el almuerzo de despedida que Jeannette e Ivo nos han ofrecido, esta vez, a Amalia y a mí, pero ha sido una tristeza tranquila y amable, la propia de unos amigos que saben que lo son y lo serán para siempre, tarden lo que tarden en verse.

Jeannette dice que rezará por mí y para que el viaje a Bogotá sea, igualmente, tranquilo y feliz. Tener a alguien que rece por ti es agradable y reconfortante; se lo agradezco a ella, como se lo agradezco a mi tía Angelita, que siempre, desde que era un niño, reza, cada día, por mí. Quiero pensar que mucho de lo bueno que me ha sucedido en la vida –que ha sido realmente mucho– se debe a las oraciones de personas tan buenas como ellas, no importa que la iglesia a la que pertenecen sea una institución de poder y corrupta en muchos casos o que, lo más probable, no exista Dios; lo que importa, de verdad, es que ellas sí existen y que personas así, desperdigadas por todo el mundo, sea cuales fueren sus credos, creencias o sus iglesias, ellas sí son el auténtico Dios que nos responde.

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2 comentarios en “Humanos paisajes. Dos meses inolvidables de amistad y poesía en Chile y Colombia [ I ]”

  1. Muy amena y detallada crónica Matías, gracias. Preocupante el tema de la inmigración en Santiago que está sirviendo para que la derecha recabe votos, no sólo de las clases altas y medias sino de las clases bajas. Sin duda urge un replanteamiento político internacional de la izquierda.
    Por otro lado me encantaría poder escuchar algún día tu ponencia sobre Leopoldo María Panero.
    Un abrazo

    1. Querida Blanca, es una alegría recibir tus palabras y poder, un día, compartir inmpresiones sobre el gran Leopoldo María Panero.
      Justo, hoy mismo, subiré la segunda parte de la crónica, la de Bogotá, en la que sales tú :))
      Un abrazo fuerte. Matías

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