Buenos Aires, el valle de Colchagua en Chile, Montevideo y Punta del Este

Del 24 de marzo, al 24 de abril de 2024

CHÉPICA, SANTA CRUZ, EL VALLE DE COLCHAGUA (O’HIGGINS / CHILE)

2.

Día 10.

Llego a Santiago sin novedades, es un vuelo cómodo de dos horas en las que he tenido la oportunidad de contemplar el amanecer sobre los Andes, un espectáculo inolvidable por su belleza y carga simbólica. Una vez desembarcado, me dirijo en autobús, desde el mismo aeropuerto, hasta la terminal de ‘Turbus’ en la periferia de la capital chilena.

Todo va bien, hasta que justo el autobús que va Curicó, a donde me dirijo, en la región del Maule, al sur del valle de Colchagua, en la vecina región de O’Higgins, no llega a su hora, viene con retraso, aunque una señora, con una cantidad ingente de enseres amontonados en un carrito, nos dice con envidiable calma, a los compungidos viajeros que esperamos al de las siete de la tarde en el andén 15, que los de las cinco y las seis tampoco han salido de la terminal con destino a Curicó.

Algo pasa, nos decimos, y un viajero joven se acerca a Información, donde le confirman que no saldrá hasta las siete cuarenta y cinco: ha habido un incidente con el vehículo asignado para el trayecto Santiago-Curicó, Curicó-Santiago. A las siete cuarenta y cinco, tampoco sale, ni a las ocho, ni a las nueve, finalmente, aparece a las nueve y media, y todos subimos cansados de esperar, pero alegres porque podemos llegar a nuestro destino, con varias horas de retraso, pero llegaremos.

Edgardo Alarcón, el gran poeta y académico chileno, amigo inestimable, en cuya casa me voy a alojar estos días previos al festival, está avisado, a media noche estará en la terminal de Curicó esperándome para recogerme.

En todas esas horas de espera, en los andenes de la terminal de ‘Turbus’, en Santiago, compruebo, una vez más, la bondad innata, la cercanía de trato y la apertura de las gentes del común, las gentes del pueblo, en todas las latitudes, son iguales: solo hay que atender a sus conversaciones, a las chanzas y risas por la tardanza y ausencia fantasmal del susodicho autobús, o el trato que me dispensan al comprobar que soy un forastero; es una gozada, me digo, poder compartir con la gente del común los pequeños sucesos y percances propios del viaje.

Durante el trayecto, entablo conversación con un señor que me da una información que desconocía, la presencia tradicional y muy significativa de familias españolas en Curicó. La otra vez que estuve, nadie me advirtió de ello.

Por fin, Edgardo me recoge en su camioneta y nos dirigimos a su casa, en donde nos esperan dos jóvenes huéspedes mexicanos, León Cuevas y Marissa (Mar Alaffita), con los que compartiré estos días (ellos también están invitados al festival). Con el transcurso de las jornadas pasadas juntos, me doy cuenta de que ambos representan los mejor del presente y del futuro de México.

Día 11.

Durante el desayuno, en la animada conversación que mantenemos, voy conociendo mejor a los dos jóvenes mexicanos, me siento bien y muy a gusto con ellos. Marissa (Mar Alaffita) está terminando su trabajo de graduación, mientras esperamos, en casa de Edgardo, a que comience el festival en el vecino valle de Colchagua; es un ensayo sobre un tema muy poco estudiado y conocido: la ‘negritud’ en México.

En León Cuevas, aparte de su calidad humana, veo un profesor entregado y vocacional, aspecto que me acerca aún más a él. Ambos sienten una verdadera pasión por la poesía.

Con Edgardo, nuestro magnífico anfitrión, decidimos dar el primer paseo por el centro de Curicó y nos damos cuenta de lo complicado que puede ser tomarse unas cervezas en el centro de la ciudad (las licencias son muy caras y, además, el local que pretenda servir bebidas alcohólicas, debe tener el permiso de la comunidad de vecinos en la que se ubica, con lo que no es sencillo, el asunto; aunque, finalmente, encontramos, con la ayuda de unos paisanos de la calle, un local precioso, agradable y comodísimo, en donde, no solo logramos las ansiadas cervezas, sino que almorzamos a nuestro gusto, especialidades de la cocina chilena excelentemente servidas.

En las animadas conversaciones que mantenemos, los cuatro, surgen dos temas que suscitan preocupación e interés: uno es el de los dos caminos contrapuestos que se abren actualmente en Chile –y en una buena parte de América, también–, respecto de la memoria histórica y democrática: ¿es mejor olvidar o recordar lo sucedido durante las dictaduras militares…? Les digo que, en España, se abrió un debate idéntico, en la Transición y aún continúa, más vivo que nunca, y que los interlocutores son los mismos básicamente. Veo que la lucha entre memoria y desmemoria en Chile sigue los mismos pasos; que, acaso, sea lógico, en términos históricos y sociológicos, si consideramos todos los procesos del mismo tipo en Europa –desde el final de la Segunda Guerra Mundial–, que esto sea así.

El otro tema de debate es sobre la naturaleza y el tamaño del estado en las sociedades modernas desarrolladas y el papel de las oligarquías americanas en la postración y desestabilización política de sus países. Todo ello, en un país, Chile, que ha sido uno de los laboratorios neoliberales preferidos de los Estados Unidos, junto con las denominadas, antaño, economías ‘tigres’, en Asia, como Corea del Sur, Singapur, Malasia, etc., en donde el estado, como principal dispositivo vertebrador de políticas económicas y sociales, y de servicios públicos a la población, y redistribuidor de la riqueza social, prácticamente ha desaparecido; reduciendo su papel a mero aparato de control y represor (ejército, judicatura y policía).

Mañana, vendrán, para un gran asado juntos, dos buenos amigos y los promotores, en gran medida, de este nuevo viaje por el cono sur, Ivo Maldonado, director de festival, y Pablo Eguren, uno de sus más estrechos colaboradores; ellos traerán la carne y nosotros podremos la parrilla y el fuego.

Día 12.

Llegan a Curicó, Ivo Maldonado y Pablo Eguren, con Jeannette, amiga y colaboradora, como el propio Edgardo, en la organización del Festival ‘Vino y Poesía’ de Colchagua, al que asistiremos en pocos días, y persona encantadora. El asado y la jornada prometen.

Después del perfecto asado que nos ha salido, hemos compartido recuerdos, risas e ideas en unas horas tranquilas y llenas de camaradería, de la mañana a la noche.

Pablo Eguren me ha dado algunas claves de cómo se ve la irrelevancia geopolítica de Europa, desde la distancia (una buena cura de humildad para un europeo que tiene, de por sí, una visión muy crítica de su propio continente, pero que, al fin y al cabo, es un europeo).

Otra cuestión que se suscita es la preocupación por la guerra en Europa, la situación en Ucrania y el papel de Rusia, y su posible extensión al resto de mundo. También y la importancia de China como potencia emergente alternativa.

Aunque hay mucho de percepciones subjetivas en los comentarios que escucho de mis compañeros americanos, hay también elementos objetivos en ellas, realzados por la distancia psicológica de los observadores, para tener muy en cuenta.

Cuando me despido de Ivo, Pablo y Jeannette, desde la puerta, pues deben regresar a Chépica, desde donde se harán cargo de los últimos detalles del festival, ya tan próximo, siento que una jornada completa solo precisa de buenos amigos, buenas viandas y una buena conversación.

Día 13.

Domingo de calma, mañana de conversación y lecturas. Después de comer, vamos a Chequenlemu (en la lengua mapuche, seguramente: el bosque de monte bajo), un paraíso particular de nuestro magnífico anfitrión y amigo Edgardo Alarcón.

Marissa (Mar Alaffita) y León, mis jóvenes compañeros, descubren, como yo lo hice en mi primera visita, hace casi dos años, un remanso de paz y silencio verde.

Paseamos, tomamos vino y compartimos poemas alrededor de una mesa camilla, solo por el placer de compartir. Yo no soy una persona muy proclive a este tipo de cosas, no tengo el don de la mística de la poesía: para mí, la poesía es algo mucho menos sentimental que para la mayoría de mis compañeros poetas (de hecho, me resisto interiormente a que me nombren como ‘poeta’, no me gusta mucho la palabra, creo que no se aviene a mi relación con la escritura lírica, prefiero la de ‘escritor’, pero, bueno, tampoco hago una cruzada de ello), pero es un gusto compartir con ellos, en ese rincón, a salvo del ruido del mundo, confidencias, poemas y buen vino.

Día 14. 

Hoy, hemos decidido intentar subir, de nuevo (pues la primera vez que lo intentamos estaba cerrado al público, debido a un evento deportivo), hasta el mirador de El Planchón, en el Cerro Condell, desde el que se puede contemplar la mejor panorámica de Curicó, con la cordillera de los Andes, al fondo, con dos de sus volcanes en lontananza.

Ha sido una buena despedida de la ciudad en la que hemos pasado estos días previos al festival.

Día 15.

Nos hemos levantado temprano y nos hemos dirigido a Santa Cruz. Hoy, comienza la segunda edición del Festival ‘Vino y Poesía’ 2024, en el valle de Colchagua, que dirige Ivo Maldonado. El acto de inauguración tiene lugar en el campus que la Universidad de Talca posee en las afueras de la ciudad de Santa Cruz, en el centro mismo de esta tierra de grandes viñedos, en donde se elaboran los más famosos caldos con denominación de origen chilenos.

Es el momento del reencuentro con viejos conocidos y el encuentro con nuevos amigos y amigas de toda América y de España; me alegro de conocer, por fin, personalmente a Raquel Zarazaga y a Josep Checa, y a su hijo, Joan; con quienes únicamente había tenido, hasta ese momento, un contacto virtual, somos los cuatro españoles invitados al encuentro.

Durante la ceremonia, presidida por autoridades académicas y políticas, estatales y regionales, se nos impone, a los invitados internacionales, una insignia con la bandera chilena, por parte de dos miembros de la armada; para mí, es algo nuevo e inesperado que contraviene todas mis convicciones internacionalistas y antimilitaristas, pero reconozco el gesto de deferencia y de acogida que representa este hecho para ellos; estoy en un continente y en países en los que las banderas y los símbolos nacionales son muy importantes y cuentan mucho aún en los sentimientos personales de la inmensa mayoría de sus gentes, más allá de sus respectivas ideologías. Son, al fin y al cabo, naciones jóvenes aún, que nacieron, además, de la lucha contra una metrópolis colonial y es lógico.

Sé que mi desapego respecto de los símbolos nacionales y patrios, el que no me sienta representado ni tenga simpatía ninguna a la bandera roja y gualda, ni a ninguna institución nacional española, siendo de Madrid, como soy, les produce algo de escándalo. Dicho de un modo chusco y paradójico, en América, incluso las revoluciones ‘internacionalistas’ son nacionalistas.

Es la primera bandera nacional que llevo en el ojal de mi chaqueta, no estoy seguro, no sé si, acaso, alguna vez llevé la roja o la tricolor (en un monedero, recuerdo, de jovencito, a finales del franquismo, sí llevé la tricolor; y, en las manifestaciones del 1º de Mayo, las pegatinas del sindicato y la hoz y el martillo, durante el trayecto de la misma, pero, por lo común, no soy muy partidario de demasiados alardes simbólicos), de lo que estoy seguro es que nunca llevé la del Reino de España; por eso, le digo a Ivo, entre risas, que el que la lleve, la chilena, durante un momento, en la ceremonia, es un gesto de amistad y agradecimiento, por mi parte, a él y a la organización, que debe ser tomado en su justo valor.

Una vez concluido el acto de inauguración e instalados en nuestros respectivos hostales (en el mío, el de Las Loicas, pequeño, pero agradable y extremadamente limpio y cuidado, me toca compartir habitación con Andrés Briceño, joven compañero costarricense, amable, discreto y excelente persona, con el que iré estableciendo unas relaciones de amistosa camaradería, a lo largo de los días), nos trasladamos a la sede principal del Festival, el gran teatro de Chépica.

Es una sorpresa que una pequeña ciudad, como es Chépica, goce de un teatro tan amplio, cómodo y bien equipado. En él comienzan las primeras sesiones y resuenan los primeros poemas.

Finalizadas estas primeras sesiones, nos trasladamos al lugar en donde tendremos el asado de bienvenida, en donde conoceré personalmente a Essaú Landa, a su madre Adriana y a Mariana Moncada, que vienen de la ciudad de México, con quienes compartiré unas semanas inolvidables, primero, aquí, en Chile y, luego, en Uruguay, Montevideo y Punta del Este.

Esa noche, en un aparte del asado y su trajín, Pablo Eguren nos muestra la Cruz de Sur y las Alfa y Beta Centauri, las famosas estrellas binarias del sistema más cercano al Sol: por fin, logro contemplar en todo su esplendor, sobre mí, en un cielo limpio y claro, la Cruz del Sur, uno de mis sueños, desde niño, cuando leía libros de aventura, ninguna de las otras veces que he estado en el hemisferio sur había logrado verla, así, tan despejada y maravillosa.

Día 16.

Esta mañana es una mañana especial: en el marco de una de las actividades más originales ideadas por Ivo Maldonado para este festival que lo distingue de los demás en los que he estado–, esto es, el trabajo con los escolares, en sus aulas, de todos y cada uno de los invitados al mismo, a mí me ha tocado acudir al Colegio de Primaria Libertador O’Higgins.

Ha sido un hermoso reencuentro con la inocencia, me han tocado niños y niñas de 3º y 4º cursos. Hemos jugado con los distintos acentos del castellano, con las palabras, con las metáforas y con la poesía, mediante cadáveres exquisitos y poemas en progresión que los han motivado y sorprendido. Al final, venían a abrazarme y a preguntarme cosas sobre España, sobre Madrid y sobre el Real Madrid. Y he sentido en ese cariño espontáneo y esa inteligente inocencia de todos, el futuro de Chile, el futuro de América. Ojalá la realidad no les venza del todo y no se tuerzan en el camino.

Después del almuerzo (por fin he probado un ‘chivito’ en el mejor puesto de ‘chivitos’ de Chépica: hemos almorzado juntos, Essaú, Mariana, Adriana y yo), ha comenzado la segunda sesión de intervenciones en el teatro de la ciudad, durante la cual, me ha tocado desarrollar mi pequeña comunicación, dentro del programa, sobre la poesía del Siglo de Oro español: mi visión poco ortodoxa de las relaciones entre los cuatro grandes nombres de la literatura de entre siglos, Cervantes, Lope, Quevedo y Góngora, ha gustado por el imprevisto enfoque propuesto, durante los quince minutos de intervención: en realidad, una píldora provocativa y motivadora para una relectura crítica e ‘historizada’ de sus respectivas obras.

Durante la cena, ‘Optaciano’ (ser humano imprevisto, de facetas insospechadas) y ‘Yogui’ (uno de los músicos centrales y líder de uno de los grupos más famosos de la movida de la ciudad de Concepción), escudados en sus respectivos pseudónimos, pero expuestos por esos mismos pseudónimos, componen, entre risas y veras, entre copas y cigarrillos, un canto a la amistad verdadera.

Día 17.

Hoy dedicamos la mañana a la visita de uno de los principales viñedos del valle de Colchagua, las bodegas de Santa Cruz, propiedad del multimillonario Cardoen, que, como tantos otros multimillonarios, cuyas fortunas nacen de la muerte, la explotación y la miseria, ha comprado el olvido y la respetabilidad con museos, propiedades inmensas y obras culturales; aquí en España sabemos de ello, también, con los Juan March, Guggenheim, Thyssen, etc.

La verdad es que hemos pasado una mañana agradabilísima en un entorno privilegiado, almorzando sobre el valle y sus viñedos un menú exquisito, con vino de primera.

Por la tarde, he tenido la ocasión de charlar con Félix Anesio, emigrado cubano en Miami, otro de los grandes compañeros y amigos que he encontrado en este festival; conversamos, precisamente, sobre Cuba y sobre su experiencia con la isla, que visita regularmente y conoce a la perfección.

Las conclusiones son las mismas, más o menos, que a las que hemos llegado, en otras conversaciones, estos días, con Ruber Osoria –otro de los granes hallazgos humanos de estos días para mí–, fotógrafo oficial de festival, emigrado cubano también, pero radicado en Chile, donde se ha instalado; más joven que Félix y gran activista de la migración cubana en toda América.

La revolución se estancó muy pronto y traicionó sus principios fundadores, debido a muchas causas, unas internas y otras externas; el caso es que a partir de la denominada “primer oleada revolucionaria”, el régimen castrista excluye a una parte de la sociedad cubana que había participado y apoyaba el proceso de liberación y la revolución, desde el principio.

Qué es lo más interesante de las perspectivas y los enfoques que abren, Tanto Félix Anesio, un demócrata progresista, como Ruber Osoria, un declarado militante de izquierda –no se confundan–, el hecho de que ninguno de los dos pertenece al anticastrismo conservador, proyanqui o derechista. La perspectiva de Ruber coincide, además, con otras que he encontrado en otros testimonios y textos de la oposición de izquierda, dentro y fuera de Cuba.

Durante la cena de despedida, invitados por la organización, en un típico restaurante de la ciudad, a los postres, intervenimos tres compañeros que no habíamos podido recitar nuestros versos en las sesiones regulares, porque, como siempre sucede en este tipo de eventos, hay otros compañeros que nos roban su tiempo a los demás, creyendo que están solos en el mundo y que escucharlos es la única finalidad que ha tenido reunirnos todos en este o cualquier otro lugar del planeta mundo. Yo recito parte de la Balada de los gilipollas, a petición de Ivo y de una parte de la audiencia que la conoce, con bastante éxito entre los comensales, pero lo más reseñable para mí es que he podido compartir esos minutos de atención con León Cuevas, el joven poeta mexicano, una joya de persona y otro de los damnificados por la incontinencia de los compañeros egoístas.

Día 18.

Esta mañana, ha sido la ceremonia de clausura en el teatro municipal de Chépica completamente abarrotado, nos acompañan jóvenes escolares del liceo, profesores, gestores culturales de la municipalidad y de la región, junto con una parte del público de la ciudad que ha asistido a las sesiones.

Este festival, si lo miramos detenidamente, pienso, ha constituido un pequeño milagro. Más de cincuenta invitados internacionales, en una comarca eminentemente rural, cuya sede principal ha sido una ciudad de unos 15.000 habitantes, sin apenas infraestructura hotelera, con desplazamientos constantes en microbús o autobús. Supongo –en realidad, sé, por mis relaciones de amistad con Ivo, Pablo, Amalia y Jeannette– que no ha sido nada fácil de organizar, cuidar de su desarrollo y concluir este encuentro poético, todo ello sin especiales novedades y a pesar de que algunos invitados no lo han puesto fácil.

En fin, fuere como fuere, esta pequeña feria de vanidades y de yoes, a menudo, subidos de tono, ha concluido y, en la biblioteca municipal, donde se celebra el ágape de despedida oficial, invitados por la municipalidad, y, luego, en la plaza del pueblo, entre fotos y selfies, la nostalgia de los días vividos predomina sobre la propia estima y los minutos de gloria y, el que más y el que menos, siente nostalgia y tristeza del final, pues muchos encuentros entre nosotros sí han sido efectivos, sinceros y estimulantes.

En mi caso, una nueva etapa me espera, en compañía de Ivo, Pablo, Essaú, Mariana y Adriana, mañana, nos dirigiremos a Montevideo. Esta noche, nos alojaremos en el otro hostal de Chépica, el más cercano a la plaza.

Mientras, nos hemos enterado, vuelan los misiles y los drones iraníes hacia Israel. Lo andaban buscando y lo van a encontrar, me digo.

Día 19.

En casa de Amalia, cerca de San Fernando, situada en un paraje mágico, frente a la precordillera andina, en donde vamos a pasar las últimas horas, antes de emprender el camino hacia el aeropuerto de Santiago, para emprender el vuelo hacia Montevideo, comemos unas empanadas chilenas estupendas, recién compradas a una artesana de la tahona que vive cerca de allí.

Después de descansar un poco, realizamos el check-in online. Y, tras despedirnos de Amalia y de Jeannette, nos dirigimos a la terminal de autobuses y partimos hacia la capital. Llegamos sin novedades, pasamos los controles y nos tomamos unos cafés en la cafetería frente a la puerta de embarque, estamos cansados, pero satisfechos. Conversamos y esperamos, nuestro vuelo no despega hasta las 4:30h de la madrugada. Ivo está reventado, pero también con la sensación de deber cumplido. La tercera edición del festival “Vino y Poesía” está garantizada.

Mientras volamos hacia Montevideo, los drones y los misiles aún vuelan también hacia sus objetivos.

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