Si esto es un hombre de Primo Levi

Los rusos llegaron mientras Charles y yo llevábamos a Sómogyi cerca de allí. Pesaba muy poco. Volcamos la camilla en la nieve gris.

Charles se quitó la gorra. Yo sentí no tener gorra.

De los once de la Infektionsabteilung, fue Sómogyi el único que murió en los diez días. Sertelet, Cagnolati, Towarowski, Lakmaker y Dorget (de este último no he hablado hasta ahora; era un industrial francés que, después de operado de peritonitis, se había enfermado de difteria nasal), murieron unas semanas más tarde en la enfermería rusa provisional de Auschwitz. En abril me encontré en Katowice con Schenck y Alcalai, que estaban con buena salud. Arthur se reunió felizmente con su familia, y Charles ha vuelto a su profesión de maestro; nos hemos escrito largas cartas y espero volverlo a ver algún día.

Seguramente, nos costará recordar exactamente todo lo sucedido con nosotros aquí.

A pesar de su relativamente buena suerte, pues Charles solo ha pasado poco más de un mes entre nosotros, en el lager, o quizás por ello mismo, porque no le ha dado tiempo a perder toda su energía y carga de humanidad, le costará aún más olvidar o comprender lo que ha vivido aquí.

Pero aún más les costará comprenderlo a los civiles que no lo han vivido y a los que gente como yo les contaremos lo sucedido; aunque, en sus casos, las razones serán diferentes; no será tanto por lo inaudito y el desmedido significado, monstruoso, más allá de todo extremo, respecto de lo humano e inhumano, de este infierno en la tierra, simplemente será por comodidad. No querrán saber, no querrán recapacitar, no querrán preguntar; y no será por maldad, sino solo por preservar la cuota, pequeña o grande, de confort que habrán alcanzado, tras estos terribles años; la inmensa mayoría hará como que no oye ni ve; y, si escuchan y miran, lo harán con una invencible urgencia de olvidar.

Y, sin embargo, por ello mismo, habrá que insistir y contarlo, una y otra vez, hasta que los testigos hayamos desaparecido de la faz de la tierra o el siguiente infierno haya borrado este.

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