Reseña de «Réquiem y exaltación» en Quimera por Alberto García-Teresa
Réquiem y exaltación
Matías Escalera Cordero
148 páginas, 15 €
Lastura: Alcorcón, 2025
Por Alberto García-Teresa
De la explotación
La escritura de Matías Escalera Cordero (Madrid, 1956) ha caminado por todo tipo de géneros literarios: poesía, teatro, novela (practicando desde el realismo hasta la ficción especulativa), cuento, microrrelato, ensayo, diario… El impulso de toda ella es una inquietud por cuestionar el mundo, el capitalismo y las relaciones sociales siempre acompañada y vehiculada por la exploración formal. Su obra, por tanto, busca el estímulo para romper las inercias, tanto en lo ideológico como en lo textual. En esa trayectoria, quizá como máxima expresión de su versatilidad, el presente libro consta como una encrucijada que, en última instancia, lanza la vista atrás para constatar la unión de pasado, presente y futuro.
Réquiem y exaltación presenta una estructura de diálogos y monólogos dramáticos, poemas y poemas experimentales. Los títulos de las secciones del volumen y de las propias piezas nos predisponen a ello, y las acotaciones en los versos lo explicitan. En sus páginas, aborda una reflexión sobre la situación de la clase obrera actual, sobre las antiguas formas de explotación y la asimilación líquida de la dominación en la actualidad; sobre la “vieja clase” y “los nuevos esclavos”. La obra constata el cambio de paradigma en tanto sumisión y obediencia, pero no en términos de explotación. La desmovilización, la falta de conciencia y de unión, la reintegración de la rabia con sutiles medidas escapistas o la dispersión de focos de tibias resistencias son cuestiones que recorre el poeta para reiterar la ausencia de centralidad del conflicto económico en los trabajadores. Lo hace a través de una discusión conceptual entre el Capital y la Clase Obrera, personificados, primero, en un tono beligerante y de confrontación. Seguidamente, entre Friedrich Hölderlin (en primera persona o a través de sus versos) y esa misma Clase Obrera, de manera más sosegada y con mayor análisis autocrítico, en la que se adentra en problemas de ámbito cultural y metapoético. Por último, los trabajadores con el autor. En esas conversaciones, desaparecen los sujetos, tal y como ocurre con la deshumanización presente. La clase obrera figura como masa, y los amos como colectivo. Desde una subjetividad inicial, la incomprensión del sentimiento de tristeza y desolación arranca esa indagación que salta rápidamente a lo coral. Escalera agrupa la tensión existente entre ansia de liberación, alienación y desconcierto. Aunque también brota una aspiración, una búsqueda de horizonte de esperanza; una resolución para pasar a la acción y salir del sumiso letargo. Los diálogos agujerean una interpretación simplista de la realidad. Indicen en las contradicciones, en la multiplicidad, siempre con una mirada global. No se limita a lo material, sino también a lo emocional y lo psicológico en esa exploración de la derrota. La construcción sintáctica de las oraciones (en la línea de otros trabajos de este autor) ahonda en ello a través de insertos, matizaciones en oraciones subordinadas, preguntas que cuestionan lo que acaba de afirmarse, frases abiertas, abundancia de puntos suspensivos…
Otra sección aporta piezas construidas con la técnica del borrado. El tachado de palabras de un texto previo da lugar a una yuxtaposición de sintagmas que nos vuelve a remitir a esa fragmentación de la voz del volumen. Para concluir, se incluye una carta del autor a la “vieja clase obrera”. Además, las páginas incorporan una “cuarta voz” donde otros poetas entran a dialogar con esta obra e incorporan sus propios versos. Con ello, se quiebra la identidad también tanto del “yo poético” y hasta del yo autorial.
Así, este libro se convierte en un ejercicio sumamente interesante, complejo y perturbador en tanto que desestabiliza nuestras certezas, tanto lectoras, como ideológicas, y penetra en el entramado de lo real con valentía y sin afán simplificador.

