Comunicación presentada en las Jornadas la Cultura II República. UAM. 2006

Antonio Machado -y Juan de Mairena- en la guerra

La República y la cultura: paz, guerra y exilio / coord. por Julio Rodríguez Puértolas, 2009, ISBN 978-84-7090-486-8, págs. 353-360

Tomadas las derivas vitales e intelectuales de la mayoría de sus compañeros de generación frente al hecho traumático del alzamiento militar de 1936 y a sus devastadoras consecuencias, marcadas -las más- por el estupor, por el distanciado aislamiento y el individualismo extremo -o por vaivenes pendulares tan difícilmente explicables-, la trayectoria vital e intelectual de Antonio Machado deviene aún más extraordinaria y señera, por su coherencia, por la apertura mental que entraña, por su disposición al cambio y su generosidad… Pensemos, por ejemplo, en la errática y “agónica” posición de su admirado amigo don Miguel de Unamuno, o en el temeroso y tibio “alejamiento” de Pío Baroja -o de Azorín- (no digamos los casos de Ortega o de Marañón), y comprenderemos mejor el valor intrínseco del compromiso público, intelectual y personal de Antonio Machado con su pueblo -con los “otros prójimos”: que diría el maestro Mairena-, en aquellos momentos tan concluyentes para la historia particular de España y para la historia general de Europa y del mundo entero -tal y como él mismo anticipa en muchos de sus artículos, y en sus declaraciones públicas-. No cabe duda, “es más difícil estar a la altura de las circunstancias que au dessus de la mêlée” -Mairena dixit (LXIV, vi)-. Más fácil y menos peligroso, claro, estar por encima de la refriega; tan seguros -dentro de los bien defendidos castillos interiores, o al otro lado de la frontera-; tan afianzados en la propia superioridad y tan incontaminados; aislados -por completo- de los acontecimientos y de la vida colectiva; tan alejados -en suma- del doloroso y problemático despliegue de lo real (que diría -acaso, también- el maestro Mairena)

A continuación, aunque sea brevemente -y sólo en una mínima parte-, vamos a seguir ese despliegue problemático -y aparentemente caótico- de lo real, a través de la mirada y de las palabras, de las ideas, de las afirmaciones y de las intuiciones -a menudo, paradójicas, siempre comprometidas, y a las veces zumbonas- que urgieron la respuesta de Antonio Machado al hecho mismo de la guerra, y a sus múltiples significados políticos, simbólicos, racionales o puramente personales y existenciales. Y lo vamos a hacer rastreando las huellas y los ecos -póstumos- de su maestro Mairena (su más íntimo heterónimo) especialmente -aunque no exclusivamente- en la serie de los veinte artículos publicados en la revista Hora de España durante los años 1937 y 1938; por tres razones: una, porque estos veinte artículos se entroncan -están emparentados aún- de un modo digamos natural con el perfil idiosincrásico -y estilístico- del Mairena de “antes de la guerra”, marcado por esa especie de burlona “asistematicidad” populista y socrática, en la que los más chocantes postulados acerca de la realidad de los objetos del mundo, del incontestable flujo de la vida y de las ideas, o de la verdadera cultura y del verdadero saber -el del auténtico folclore-, van y vienen, atraviesan y salpican -con insistencia cíclica- cada uno de los fragmentos; y, aunque -como señala, en el prólogo de su edición, Antonio Fernández Ferrer[1]– la forma “dialogal” del primer Mairena (aunque, de ningún modo, su naturaleza substancialmente dialógica) se pierde progresivamente en el Mairena de la guerra, éste gana en “explicitud”[2] y compromiso ideológico.

No obstante, en ellos -y esta es otra razón que interesa no perder de vista-, esas nuevas exigencias de su compromiso público -aceptadas como el pago de un alto deber ético, sin reticencia alguna, por el propio poeta-, quedan contrapesadas -y atemperadas, artísticamente– por la indudable (auto)exigencia literaria e intelectual que el prestigio de la revista ejerce sobre el propio Machado. Gobernada y engrosada, como está, por los más notables “jóvenes poetas” -para quienes él mismo se ha convertido no sólo en valedor, sino en insignia y faro-; y vehículo de expresión de algunos de los más destacados intelectuales de la República, Hora de España no es una tribuna popular ni un espacio de agitación propagandística, en sus páginas el “viejo poeta” encuentra un canal “literario y artístico” más natural y más conforme -menos excepcional- con lo que ha sido su biografía y su trayectoria creativa.

Además, estos artículos comprenden un periodo -de enero de 1937 a noviembre de 1938- en que aún no está decidida -del todo- la contienda, y ni el poeta, ni su criatura tampoco, se han instalado en la fatal melancolía de la derrota -soslayada y rechazada, hasta la evidencia-, aunque se presienta[3].


[1] Antonio Machado, Juan de Mairena II (1936-1938). Edición de Antonio Fernández Ferrer. Madrid, Cátedra, 1998, pág 41. Todas las citas textuales de los artículos, salvo que se indique otra cosa, proceden de dicha edición, que sigue, por lo demás, la numeración tradicionalmente establecida para la serie entera de Juan de Mairena.

[2] No habría más que comprobar la tímida alusión indirecta sobre la falta de previsión política en la intentona revolucionaria de Asturias (JM: III, 1); en contraste con el tono explícito e incluso violento e iracundo que vendrá después.: Cfr. Antonio Machado, La Guerra. Escritos: 1936-39. Ed. por Julio Rodríguez Puértolas y Gerardo Pérez Herrero. Madrid: Emiliano Escolar Editor, 1983, p. 23 y ss.

[3] En los últimos de la serie, escritos ya en Barcelona, se barrunta el fin inevitable; en el último, las citas de los versos de Zorrilla y de Calderón (LXX, 4 y 5) nos dan el tono exacto de su estado de ánimo.

🤞 ¡No te pierdas nada!

Todas las nuevas entradas al blog y noticias de Matías Escalera

¡No hacemos spam!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *